Salmo 27: explicación y significado

Respuesta breve

El Salmo 27 es el canto de David sobre el valor que da Dios: como el Señor es su luz, su salvación y su fortaleza, no vive dominado por el miedo y desea sobre todo estar cerca de Dios. Cuando vuelve el peligro, ora con sinceridad, y al final anima a esperar en el Señor con un corazón firme.

El Salmo 27 pasa de una confianza valiente a una oración angustiada y de nuevo a la esperanza. Su primera línea es una de las más queridas de los Salmos, y la última resume la lección de todo el canto: espera en el Señor. Veamos qué dice el salmo, parte por parte, y cómo orarlo hoy.

Sobre la numeración: en la Reina-Valera y en la mayoría de las Biblias modernas es el Salmo 27. En la tradición ortodoxa y en algunas Biblias católicas antiguas, que siguen la numeración griega, el mismo salmo es el 26.

Quién escribió el Salmo 27

El título lo atribuye a David. La traducción griega añade que lo escribió antes de ser ungido, y algunos comentaristas antiguos lo relacionan con los años en que Saúl lo perseguía. Matthew Henry sugiere que quizá no pertenece a un solo suceso, sino a cada ocasión en que un creyente se acerca a Dios en medio de la angustia.

John MacArthur describe el salmo como tres conversaciones: David habla consigo mismo sobre sus privilegios (versículos 1–6), habla con el Señor sobre sus problemas (versículos 7–12) y vuelve a hablar consigo mismo sobre la perseverancia (versículos 13–14).

El Señor es mi luz

Salmo de David. JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque se asiente campo contra mí, No temerá mi corazón: Aunque contra mí se levante guerra, Yo en esto confío.

Sal 27:1–3 · Reina-Valera 1909

David da a Dios tres nombres: luz, salvación y fortaleza de su vida. Jamieson, Fausset y Brown explican que la luz es una figura común del consuelo, y la fortaleza, de la seguridad frente a la violencia. MacArthur ve aquí la luz de la redención en contraste con las tinieblas de la condenación, la luz que Jesús afirmó ser (Juan 8:12).

Si Dios está de su lado, las preguntas de David sobre a quién temer se responden solas, como en la pregunta de Pablo: si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros (Romanos 8:31)? Los enemigos que querían devorarlo se describen como fieras; MacArthur señala que la misma expresión se usaba también para la calumnia. Jamieson, Fausset y Brown subrayan el énfasis del hebreo: fueron ellos, y no David, los que tropezaron y cayeron.

William MacDonald lee estos versículos también a la luz del arresto de Jesús. Cuando los soldados vinieron por Él al huerto, retrocedieron y cayeron a tierra (Juan 18:6).

Una cosa he pedido al Señor

Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Ocultaráme en lo reservado de su pabellón; Pondráme en alto sobre una roca. Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: Cantaré y salmearé á Jehová.

Sal 27:4–6 · Reina-Valera 1909

De todo lo que podría pedir, David pide una sola cosa. MacArthur explica que la cuestión principal en la vida de David era vivir en la presencia de Dios y para su propósito, como Pablo habló después de la única cosa que buscaba (Filipenses 3:13). Henry recuerda las palabras de Jesús a Marta: solo una cosa es necesaria (Lucas 10:42).

El templo todavía no estaba construido, así que la casa del Señor era el tabernáculo. Henry explica que David pedía comunión constante con Dios en el culto, porque todos los hijos de Dios desean vivir en la casa de su Padre. MacDonald añade que hay algo invencible en las personas que solo conocen una cosa.

El versículo 5 da la razón de ese deseo. MacArthur explica que David describe la protección divina como estar escondido en la cabaña o refugio de Dios. Henry precisa que el lugar secreto del tabernáculo es la presencia de Dios, su poder, su promesa y su disposición a oír la oración: ahí encuentran los creyentes seguridad y paz. La respuesta de David es adoración: sacrificios con júbilo y cantos al Señor.

Oye, oh Señor

Oye, oh Jehová, mi voz con que á ti clamo; Y ten misericordia de mí, respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. No escondas tu rostro de mí, No apartes con ira á tu siervo: Mi ayuda has sido; No me dejes y no me desampares, Dios de mi salud. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá.

Sal 27:7–10 · Reina-Valera 1909

Aquí el tono cambia de repente. David vuelve a sentir el peligro y ora. Henry observa que, dondequiera que esté el creyente, puede hallar el camino al trono de la gracia por la oración. La confianza no le impide pedir; lo impulsa a hacerlo.

En el versículo 8 la invitación de Dios es para todos, y David responde por sí mismo. Henry lo explica así: el llamado es general, pero cada uno debe aplicárselo y responder personalmente. El rostro de Dios, según MacArthur, es su presencia personal, y buscarlo es una característica de los verdaderos creyentes que desean comunión con Él (Deuteronomio 4:29).

El versículo 10 habla del padre y la madre. MacArthur explica que, aunque los más cercanos abandonaran a David, el Señor siempre cuidaría de él (Isaías 49:15). Henry añade que Dios es un amigo más seguro que los padres terrenales. MacDonald nota que, hasta donde sabemos, los padres de David nunca lo abandonaron; de hecho, en tiempos de persecución tuvieron que buscar refugio con el rey de Moab (1 Samuel 22:3–4).

Enséñame, oh Jehová, tu camino, Y guíame por senda de rectitud, A causa de mis enemigos. No me entregues á la voluntad de mis enemigos; Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.

Sal 27:11–12 · Reina-Valera 1909

David pide que Dios le enseñe su camino y lo guíe por senda llana, porque sus enemigos vigilan cada paso. Henry destaca que pedía la dirección y la protección divinas. MacDonald piensa en los testigos falsos que se levantaron contra Jesús (Mateo 26:59–60).

Espera en el Señor

Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes. Aguarda á Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera á Jehová.

Sal 27:13–14 · Reina-Valera 1909

En hebreo el versículo 13 queda incompleto, y las traducciones añaden unas palabras para cerrarlo. Henry explica que lo que sostuvo a David fue la certeza de que vería la bondad del Señor, y que nada impide tanto desmayar como la esperanza de la vida eterna.

El último versículo resume el salmo. MacArthur explica que esta palabra para esperar indica una expectativa del Señor tensa o anhelante y paciente, no una resignación pasiva. Jamieson, Fausset y Brown lo leen como la fe de David hablando a sus propios temores.

Cómo orar el Salmo 27 hoy

  • Empieza por quién es Dios. Antes de nombrar tus miedos, nombra al Señor: luz, salvación, fortaleza.
  • Pide la única cosa. La respuesta más profunda al miedo no es más protección, sino estar cerca de Dios.
  • Ora con sinceridad. El mismo salmo tiene confianza y súplica. La fe no finge que el peligro ya pasó.
  • Sigue esperando. Cuando la respuesta tarde, dile a tu corazón lo que David le dijo al suyo: esfuérzate y espera en el Señor.

El Salmo 27 no promete un camino fácil. Muestra cómo andar uno difícil sin dejarse dominar por el miedo, porque el Señor está cerca.