Salmo 23: significado de cada versículo

Respuesta breve

El Salmo 23 es el canto de confianza de David en Dios como su pastor: el Señor provee, guía, acompaña en el valle más oscuro y recibe en Su casa para siempre. Los cristianos lo leen a la luz de Jesús, que se llamó a sí mismo el buen pastor y dio Su vida por las ovejas.

El Salmo 23 es probablemente el salmo más conocido del mundo. En solo seis versículos pasa de los pastos verdes, a través de un valle oscuro, a una mesa servida y un hogar con Dios. John MacArthur lo llama el testimonio de David sobre la fidelidad del Señor durante toda su vida: un himno de confianza que presenta al Señor como Pastor, Rey y Anfitrión. Veamos qué significa, parte por parte.

En la Reina-Valera y en la mayoría de las Biblias modernas es el Salmo 23. En la tradición ortodoxa y en algunas Biblias católicas antiguas, que siguen la numeración griega, el mismo salmo es el 22.

Dios, mi pastor

Salmo de David. JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto á aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Guiárame por sendas de justicia por amor de su nombre.

Sal 23:1–3 · Reina-Valera 1909

El título nombra a David como autor. Antes de ser rey, cuidaba el rebaño de su padre y lo defendía de leones y osos (1 Samuel 17:34–35). MacArthur señala que en el antiguo Oriente la figura del pastor se aplicaba a los reyes, y que el Nuevo Testamento la aplica con frecuencia a Jesús.

William MacDonald lee estos versículos como una serie de promesas: no faltará alimento para el alma ni para el cuerpo, ni refrigerio, ni vigor renovado, ni dirección moral. Los pastos delicados son lugares de descanso, y las aguas de reposo invitan a descansar. Dios guía por sendas de justicia por amor de Su nombre, no porque las ovejas lo merezcan, sino por quién es Él.

A través del valle más oscuro

Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Sal 23:4 · Reina-Valera 1909

Aquí David deja de hablar acerca de Dios y comienza a hablarle a Él. El valle de sombra de muerte describe un lugar de peligro extremo; incluye la hora de la muerte, pero no se limita a ella. Matthew Henry encuentra consuelo en las mismas palabras: es solo una sombra, y la sombra de una serpiente no pica ni la de una espada mata. MacDonald añade que Cristo ha quitado el aguijón de la muerte al creyente.

La vara y el cayado, según MacArthur, son instrumentos de protección y de guía. Al verlos, las ovejas saben que el pastor está cerca.

Una mesa y un hogar

Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Sal 23:5–6 · Reina-Valera 1909

La imagen pasa ahora del pastor al anfitrión. Los enemigos de David tienen que mirar, sin poder impedirlo, cómo Dios le prepara una mesa, unge su cabeza como en un banquete y hace rebosar su copa. MacDonald recuerda que en Oriente la hospitalidad garantizaba la seguridad del huésped mientras sus perseguidores quedaban fuera. Algunos comentaristas relacionan este versículo con la huida de David ante Absalón, cuando unos amigos llevaron alimento al rey y a su gente en el desierto (2 Samuel 17:27–29).

Luego viene la última promesa: el bien y la misericordia seguirán a David todos los días de su vida. La palabra hebrea para misericordia, jésed, habla del amor fiel de Dios. Henry ve en la línea final la esperanza de gozar del amor de Dios para siempre en el cielo, y MacDonald habla de la llegada al hogar eterno, la casa del Padre. Los cristianos leen estas palabras a la luz de la promesa de Jesús de un lugar en la casa del Padre (Juan 14:2–3).

El salmo de David en su contexto

El salmo no menciona en qué momento de su vida lo escribió David. Algunos comentaristas lo sitúan en la rebelión de Absalón, cuando David tuvo que huir de Jerusalén; otros lo dejan sin fecha. En cualquier caso, habla a todo creyente.

La imagen de Dios como pastor recorre todo el Antiguo Testamento. Jacob bendijo al Dios que lo había pastoreado toda su vida (Génesis 48:15), e Isaías describió al Señor que recoge los corderos en Sus brazos (Isaías 40:11). Por medio de Ezequiel, Dios prometió buscar Él mismo a Su rebaño disperso (Ezequiel 34:11–12).

Jesús, el buen pastor

Warren Wiersbe lee juntos los Salmos 22, 23 y 24: Cristo como el buen pastor que muere por las ovejas, el gran pastor que las cuida y el Príncipe de los pastores que vendrá por ellas.

Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.

Jn 10:11 · Reina-Valera 1909

El pastor del Salmo 23 guía, alimenta y protege. El buen pastor va más allá: da Su propia vida por las ovejas. Él conoce a los Suyos, y los Suyos lo conocen (Juan 10:14). El Nuevo Testamento lo llama el gran pastor de las ovejas, resucitado de los muertos (Hebreos 13:20), y el Pastor y Obispo de nuestras almas (1 Pedro 2:25). MacDonald precisa que el buen pastor murió por todos, pero Sus ovejas son quienes confían en Él.

Así, cuando un cristiano ora el Salmo 23, el Señor que es su pastor tiene nombre: Jesucristo.

Vivir el Salmo 23 hoy

  • Confíe en el Pastor para lo que de verdad necesita. El salmo no promete que se cumplirá todo deseo, sino que no faltará nada verdaderamente bueno.
  • Ore el versículo 4 en la oscuridad. En el duelo, la enfermedad o el miedo, puede decirle a Dios directamente que Él está con usted.
  • Siga por donde Él guía. Las sendas de justicia no siempre son fáciles, pero son las Suyas.
  • Recuerde quién le sigue. Cada día el bien y el amor fiel de Dios van detrás de usted.

El Salmo 23 es lo bastante corto para aprenderlo de memoria. Una vez en la memoria, está ahí para el momento en que más lo necesite.