Salmo 121: explicación y significado
Respuesta breveEl Salmo 121 es un canto de confianza para el camino: el socorro del salmista no viene de los montes ni de nada creado, sino del Señor que hizo los cielos y la tierra. Dios es un Guardador que nunca duerme, cuida a los suyos de día y de noche y guarda toda su vida, desde ahora y para siempre.
El Salmo 121 tiene solo ocho versículos, pero durante siglos ha consolado a viajeros, enfermos y personas que no
pueden dormir. Empieza con una pregunta sobre de dónde viene el socorro y la responde con una palabra que se repite
una y otra vez: el Señor guarda. Veamos qué dice el salmo, parte por parte.
Sobre la numeración: en la Reina-Valera y en la mayoría de las Biblias modernas es el Salmo 121. En la tradición
ortodoxa y en algunas Biblias católicas antiguas, que siguen la numeración griega, el mismo salmo es el 120.
Un canto para el camino
El Salmo 121 es uno de los cánticos graduales o de ascenso, los Salmos 120 al 134. Jamieson, Fausset y Brown
explican que se cantaban en las subidas anuales a Jerusalén para las grandes fiestas. John MacArthur señala que se
desconocen su autor y sus circunstancias, y resume el salmo en cuatro etapas: Dios es quien ayuda, quien guarda,
quien protege y quien preserva.
Matthew Henry recuerda que no debemos confiar en los hombres ni en los medios, sino solo en Dios, y que este salmo
nos enseña a consolarnos en el Señor cuando las dificultades y los peligros son mayores.
Alzaré mis ojos a los montes
Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
Sal 121:1–2 · Reina-Valera 1909
Jamieson, Fausset y Brown explican que la frase puede leerse como pregunta: ¿de dónde vendrá mi socorro? La
respuesta llega en el versículo siguiente. Los comentaristas entienden los montes de distinta manera. MacArthur
piensa en los montes que el peregrino ve a lo lejos camino de Jerusalén y del templo. William MacDonald explica lo
mismo: la morada de Dios estaba en los montes de Jerusalén, así que mirar hacia allí era mirar al Señor. Henry lo lee
como contraste: ¿dependeré de la fuerza de los montes, de príncipes y grandes hombres? No, mi confianza está
únicamente en Dios (Jeremías 3:23).
En cualquier caso, el versículo 2 da la respuesta. MacArthur lo dice con sencillez: el salmista no busca su ayuda en
la creación, sino en el Creador. Jamieson, Fausset y Brown añaden que su poder creador es la prenda de su poder para
socorrer.
No se dormirá el que te guarda
No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda á Israel.
Sal 121:3–4 · Reina-Valera 1909
Desde el versículo 3 la voz cambia de «yo» a «tú». MacDonald entiende que ahora habla el Espíritu Santo, que
garantiza la seguridad de todos los que confían en el Señor. El pie que no resbala, explica, representa el
fundamento y la estabilidad: Dios guardará a sus hijos para que no resbalen ni caigan.
MacArthur contrasta al Dios vivo con los dioses paganos y los ídolos muertos, y recuerda cómo Elías se burló de los
profetas de Baal diciendo que tal vez su dios dormía (1 Reyes 18:27). MacDonald cita a Alejandro Magno, que dijo
a sus soldados que él velaba para que ellos pudieran dormir. Hay Uno mayor que Alejandro que vela sobre nosotros
cuando no somos conscientes del mundo.
El salmo recuerda la promesa de Dios a Jacob en Betel de guardarlo dondequiera que fuera (Génesis 28:15).
El Señor es tu sombra
Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.
Sal 121:5–6 · Reina-Valera 1909
La sombra era una imagen natural para los viajeros bajo el sol ardiente de Oriente. La mano derecha, explican
Jamieson, Fausset y Brown, es el puesto del protector; MacArthur añade que representa el lugar de la necesidad
humana. MacDonald lo dice de forma actual: Dios está a nuestro lado como un guardaespaldas.
El sol podía herir al viajero con su calor. Jamieson, Fausset y Brown ven en la luna una forma poética de nombrar los
peligros de la noche, que la luna preside, como Jacob sufrió el calor de día y la helada de noche
(Génesis 31:40). El sentido es claro: como dice MacArthur, la protección de Dios dura las veinticuatro horas.
Tu salida y tu entrada
Jehová te guardará de todo mal: El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre.
Sal 121:7–8 · Reina-Valera 1909
Ahora la promesa se amplía de peligros concretos a todo mal. Henry explica lo que significa: el Señor evitará el
mal que temes y santificará, quitará o aliviará el mal que sientes. Guardará el alma para que el pecado no la
contamine y no perezca eternamente.
La salida y la entrada abarcan todas las actividades de la vida, en casa y fuera de ella (Deuteronomio 28:6).
Henry lo aplica a toda la vida: desde salir al trabajo en la mañana de nuestros días hasta volver a casa a descansar
en la tarde de la vejez. MacArthur observa que las palabras todo mal y para siempre miran más allá de esta vida,
hacia la vida eterna.
En hebreo el verbo guardar aparece seis veces en el salmo. La repetición muestra cuánto le cuesta a nuestro corazón
creerlo.
¿Promete el Salmo 121 que no pasará nada malo?
El Salmo 121 no es un amuleto para el viaje ni una garantía contra todo accidente. MacDonald escribe que nada puede
venir a la vida de un creyente sin la voluntad permisiva de Dios. Él no es autor de enfermedades, sufrimientos ni
muerte, pero los permite y los controla para cumplir sus propósitos, y a los que lo aman todas las cosas les ayudan
a bien (Romanos 8:28).
Así que el salmo no dice que el creyente nunca tropezará, enfermará ni sufrirá. Dice que nunca queda sin vigilancia
ni sin Guardador.
Cómo orar el Salmo 121
- Mira hacia arriba, no alrededor. Cuando el socorro parece lejos, el salmo aparta la mirada de las personas y
las circunstancias y la dirige al Señor.
- Recuerda quién es Él. Al que hizo los cielos y la tierra no le faltan caminos para ayudar.
- Óralo en el camino y por la noche. Muchos cristianos leen este salmo antes de un viaje, y los versículos 3 y 4
son una oración natural antes de dormir: puedes descansar porque Dios no necesita hacerlo.
- Confíale toda tu vida. Tu salida y tu entrada, hoy y para siempre, están en sus manos.