¿Quién creó a Dios?
Nadie creó a Dios. Según la Biblia, no tiene principio ni fin: es el Creador eterno, y todo lo demás fue hecho por Él. La pregunta supone que Dios es una de las cosas creadas, pero la Escritura lo sitúa al otro lado, como Aquel que las hizo.
Todo lo que vemos tiene un comienzo y una causa: un niño tiene padres, una casa tiene un constructor. Por eso es natural preguntar quién hizo a Dios. Es una pregunta honesta, y la Biblia la responde, aunque no con el nombre de un autor. Responde mostrando que Dios es un ser de otra clase que todo lo creado.
Dios no tiene principio
Un salmo atribuido a Moisés comienza con una oración sobre la eternidad de Dios.
Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Sal 90:2 · Reina-Valera 1909
Matthew Henry comenta sobre este salmo que mil años no son nada para Dios: entre un minuto y un millón de años hay alguna proporción, pero entre el tiempo y la eternidad no hay ninguna. Dios no vive dentro del tiempo como nosotros. John MacArthur añade que la naturaleza de Dios no tiene principio ni fin, no depende del tiempo y es la causa del tiempo mismo.
Así empieza también toda la Biblia. No demuestra que Dios existe ni pregunta de dónde vino (Génesis 1:1). MacArthur observa que «en el principio» marca el comienzo del universo en el tiempo y el espacio, mientras que Dios mismo existe desde la eternidad, y que Moisés no intenta defender la existencia de Dios, porque la da por supuesta.
No hay dios antes de Él ni junto a Él
Siglos después, Dios habla por medio de Isaías a israelitas tentados por los dioses de los pueblos vecinos.
Así dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo el primero, y yo el postrero, y fuera de mí no hay Dios.
Is 44:6 · Reina-Valera 1909
Jamieson, Fausset y Brown observan que de la eternidad del Señor se deduce que es el único Dios: si existe desde antes de todo, no hay otro junto a Él. MacArthur enumera cómo se llama aquí el Señor: Rey de Israel, Redentor, Señor de los ejércitos y el que existe eternamente. Jesús afirma su divinidad al decir de sí mismo las mismas palabras, «el primero y el último» (Apocalipsis 1:17). Poco después Isaías se burla de los ídolos, hechos por manos humanas (Isaías 44:9). Ahí está la clave: un dios que alguien fabricó no es Dios, y el Dios verdadero es aquel a quien nadie hizo.