¿Por qué tuvo que morir Jesús?

Respuesta breve

Jesús murió para pagar por nuestros pecados y reconciliarnos con Dios. Cargó en nuestro lugar con el castigo que merecíamos, dio su vida en rescate por muchos y así mostró tanto la justicia de Dios como su gran amor por los pecadores.

La cruz está en el centro de la fe cristiana, pero muchos se preguntan por qué fue necesaria. ¿Por qué Dios no podía simplemente perdonar? La respuesta de la Biblia comienza con el problema del pecado.

El problema: el pecado nos separa de Dios

Pablo escribe que todos pecaron y están lejos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Nadie, judío o gentil, está a la altura de la norma de Dios. Somos pecadores por nacimiento y por nuestras propias decisiones. El pecado paga con la muerte, mientras que la vida eterna llega solo como regalo gratuito de Dios en Cristo (Romanos 6:23). Dos amos y dos destinos: un salario que termina en muerte, o un regalo que trae vida.

La ley del Antiguo Testamento ya enseñaba que el pecado se perdona solo mediante una muerte. Casi todo se purificaba con sangre, y nunca había perdón sin sangre derramada (Hebreos 9:22). Pero la sangre de los animales nunca quitó el pecado; los corderos sacrificados eran solo figuras de un sacrificio mayor. Por eso Juan el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios que carga con el pecado del mundo (Juan 1:29). La imagen recuerda al cordero de la Pascua y al Siervo sufriente de Isaías 53.

Jesús ocupó nuestro lugar

Unos siete siglos antes de Jesús, el profeta Isaías describió a un Siervo de Dios que sufriría por los pecados de otros:

Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

Is 53:5 · Reina-Valera 1909

Matthew Henry lo dice con claridad: nuestro Señor Jesús sufrió por nuestros pecados y en nuestro lugar. El castigo que merecíamos cayó sobre él.

Pablo lo dice en una sola frase: Dios hizo al Cristo sin pecado ofrenda por el pecado a favor nuestro, para que en él fuéramos declarados justos delante de Dios (2 Corintios 5:21). Cristo no se volvió pecador en la cruz; siguió siendo santo. Pero Dios le cargó nuestro pecado, y a los que creen les cuenta la justicia de Cristo.

Pedro lo expresa así:

Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos á Dios, siendo á la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

1 P 3:18 · Reina-Valera 1909

Cristo murió una sola vez, y esa única muerte basta; no hace falta ningún otro sacrificio. El justo murió en lugar de los injustos para llevarnos a Dios, quitando el pecado que nos separaba de él.

Jesús mismo resumió su misión:

Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.

Mr 10:45 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que un rescate es el precio que se paga para liberar a un esclavo o a un prisionero, y que la palabra «por» habla de una muerte en lugar de otros. Añade que el rescate no se pagó a Satanás, como enseñaban algunas teorías antiguas, sino a Dios, para satisfacer su justicia y su santa ira contra el pecado.

La cruz es también una victoria. Cristo despojó a los poderes del mal y triunfó sobre ellos, como un general romano que exhibe a sus cautivos en el desfile de la victoria (Colosenses 2:15). Aun así, en el corazón de la cruz está esta verdad: Jesús cargó con el castigo de nuestro pecado en nuestro lugar.

La cruz muestra la justicia y el amor de Dios

Jesús no fue una víctima indefensa. Dijo que nadie le quita la vida, sino que él la entrega por su propia voluntad (Juan 10:18). Los hombres lo mataron, pero solo porque él lo permitió. Pedro dijo a la multitud en Jerusalén que Jesús fue entregado según el plan determinado de Dios, y aun así los que lo crucificaron eran culpables (Hechos 2:23). El plan de Dios no excusa el pecado de quienes lo llevaron a cabo.

En la cruz se encuentran la justicia y el amor de Dios. Dios presentó a Cristo como sacrificio de expiación para ser justo y, a la vez, justificar al que cree en Jesús (Romanos 3:25–26). La muerte de Cristo satisface la justicia de Dios, pero no produce su amor; es fruto de ese amor.

Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Ro 5:8 · Reina-Valera 1909

William MacDonald observa que no había nada en nosotros que pudiera despertar semejante amor. Cristo murió para salvarnos no en nuestros pecados, sino de ellos. Es el amor del Dios que dio a su Hijo unigénito (Juan 3:16).

Lo que su muerte significa para ti

Jesús fue sepultado y resucitó al tercer día, como el Antiguo Testamento había anunciado (1 Corintios 15:3–4). No murió por sus propios pecados, sino por los nuestros, y vive.

Lo que Jesús hizo se ofrece como un regalo. Somos salvos por gracia mediante la fe, no por nuestras obras (Efesios 2:8–9). Incluso la fe es parte del regalo de Dios, y quien lo recibe puede saber que es salvo. No tienes que ganarte el perdón de Dios. Puedes reconocer tu pecado, confiar en Jesús, que murió y resucitó por ti, y recibir una vida nueva con Dios.

Entonces, ¿por qué tuvo que morir Jesús? Porque nuestro pecado es real, porque Dios es justo y porque su amor es mayor que nuestro pecado.