¿Qué es la gracia de Dios?
La gracia es la bondad inmerecida de Dios: Él nos da perdón y vida nueva en Jesucristo como un regalo que nadie puede ganarse. La gracia nos salva por medio de la fe y luego nos enseña a vivir para Dios.
La gracia es una de las palabras centrales del Nuevo Testamento. En el habla diaria puede significar elegancia, o algo que se da «de gracia», sin costo. En la Biblia significa el favor de Dios hacia personas que no lo han merecido ni podrían merecerlo nunca: su favor libre y gratuito en la redención.
La clave es la diferencia entre un sueldo y un regalo. El sueldo se paga porque se ganó; el regalo se recibe porque alguien quiso darlo. Pablo traza exactamente ese contraste: lo que el pecado paga es la muerte, mientras que la vida eterna es un regalo de Dios (Romanos 6:23).
La gracia es un regalo que no se puede ganar
La descripción más clara de la gracia en la Biblia está en la carta de Pablo a los Efesios.
Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe.
Ef 2:8–9 · Reina-Valera 1909
La gracia es la fuente de la salvación, y la fe es solo el medio para recibirla. La fe no es un pago. Y como nadie se gana la salvación, nadie puede jactarse de ella: la persona más respetable y el peor pecador se acercan a Dios en las mismas condiciones.
Esto importa porque la Biblia es honesta sobre nuestra condición: todos pecaron. Y enseguida anuncia lo que Dios ha hecho.
Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios; Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús;
Ro 3:23–24 · Reina-Valera 1909
«Gratuitamente» es la misma palabra griega que en otro lugar se usa para algo recibido sin pagar. «Justificar» era un término judicial: el juez declara justa a una persona. John MacArthur explica que Dios cargó la culpa del creyente sobre Cristo en su muerte sacrificial y le acredita al creyente la justicia de Cristo. Así que la gracia nunca significa que Dios mira hacia otro lado ante el pecado. Él castigó el pecado en Jesús, y por eso puede justificar al culpable y seguir siendo justo (Romanos 3:26). Y lo hizo por amor: Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8).
Pablo también dice que la gracia y el mérito no se pueden mezclar: si es por gracia, ya no es por obras (Romanos 11:6). Allí habla del remanente que Dios escogió, pero Matthew Henry saca de ahí la regla general: la salvación, de principio a fin, es o por gracia o por deuda, y ambas cosas no pueden combinarse.
La gracia tiene rostro: Jesucristo
La gracia no es solo una idea. Juan pone la ley dada por medio de Moisés junto a la gracia y la verdad que vinieron por medio de Jesucristo (Juan 1:17). La ley mostraba lo que es bueno y ponía al descubierto el pecado, pero no daba fuerza para obedecer. En Jesús, Dios se acercó a quienes estaban lejos de Él y al final dio su vida por ellos.
Porque la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres, se manifestó.
Tit 2:11 · Reina-Valera 1909
MacArthur y William MacDonald coinciden en que «la gracia de Dios» aquí es Jesucristo mismo, la gracia en persona, que se manifestó cuando vino al mundo y se dio a sí mismo por nuestros pecados. «A todos los hombres» significa que la gracia no se limita a ningún grupo: en los versículos anteriores Pablo se ha dirigido a ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, libres y esclavos.
Pablo sigue diciendo que la misma gracia que salva también enseña. MacDonald la llama una escuela de santidad, donde los creyentes aprenden a decir no a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir con sobriedad, justicia y piedad ya en este tiempo (Tito 2:12).
Eso responde a una inquietud frecuente: si la salvación es gratis, ¿importa cómo vivimos? Pablo mismo se hizo la pregunta y respondió con un firme no (Romanos 6:1–2). La libertad de la gracia es libertad para obedecer a Dios, no permiso para pecar. Las buenas obras no salvan, pero Dios las preparó para quienes Él salva (Efesios 2:10). Son el fruto de la gracia, no su precio.