¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

Respuesta breve

La Biblia enseña que el sufrimiento entró en el mundo por el pecado y no formaba parte del plan original de Dios. Dios no siempre explica por qué ocurre cada dolor, pero está cerca de los que sufren, hace que todo coopere para bien de los que le aman y promete ponerle fin.

Pocas preguntas duelen tanto como esta. Muchas veces no se hace en un aula, sino en un hospital, después de una pérdida o en medio de una larga lucha. La Biblia no ofrece una fórmula que explique cada tragedia. Pero sí muestra de dónde vino el sufrimiento, cómo se relaciona Dios con él y hacia dónde va la historia.

El sufrimiento no era parte del plan original de Dios

La Biblia comienza con un mundo que Dios llamó bueno en gran manera (Génesis 1:31). El dolor y la muerte llegaron después de que los primeros seres humanos se apartaron de Dios, y por su pecado fue maldita la tierra misma (Génesis 3:17–19). Matthew Henry lo resume diciendo que el pecado trajo la tristeza al mundo y lo convirtió en un valle de lágrimas. Pablo escribe que el pecado y la muerte entraron en el mundo por un hombre (Romanos 5:12).

Pablo dice también que la creación fue sujeta a vanidad y gime todavía, esperando ser libertada (Romanos 8:20–22). John MacArthur explica que, a causa del pecado humano, Dios maldijo el mundo físico, y ninguna parte de la creación responde ya del todo a su diseño original. William MacDonald añade que las consecuencias de la caída alcanzaron a toda la creación, hasta las enfermedades y la muerte violenta entre los animales. El sufrimiento es, por tanto, señal de que el mundo está roto, no prueba de que Dios sea cruel o esté ausente.

Al mismo tiempo, la Biblia advierte contra una ecuación simple: si sufres, es que pecaste. Cuando los discípulos preguntaron de quién era el pecado por el que un hombre había nacido ciego, Jesús respondió que no había pecado ni él ni sus padres, sino que las obras de Dios se manifestarían en él (Juan 9:1–3). MacArthur explica que el pecado puede causar sufrimiento, pero no siempre es así. MacDonald aclara que Jesús no decía que aquel hombre o sus padres nunca hubieran pecado, sino que la ceguera no era resultado directo de un pecado suyo.

El libro de Job cuenta la historia de un hombre justo que lo perdió casi todo mientras sus amigos insistían en que estaba siendo castigado. Al final Dios no le explicó sus razones (Job 42:1–6). MacArthur señala que Job todavía no sabía por qué había sufrido, pero dejó de quejarse y de desafiar la sabiduría de Dios, y se humilló ante su grandeza. MacDonald comenta que Job no vio a Dios con los ojos del cuerpo, sino que recibió una revelación tan viva de su sabiduría y soberanía que fue como verlo. Hay cosas que Dios se ha reservado (Deuteronomio 29:29). Henry observa que no debemos escudriñar con curiosidad los designios secretos de Dios, sino buscar con diligencia lo que Él ha revelado.

Dios no está lejos de nuestro dolor

La respuesta cristiana al sufrimiento no es solo una idea, sino una Persona. Isaías anunció a un Salvador que sería varón de dolores, experimentado en quebranto (Isaías 53:3). Henry señala que en ningún lugar del Antiguo Testamento se anuncia con tanta claridad que Cristo debía padecer y luego entrar en su gloria. Ante la tumba de su amigo Lázaro, Jesús lloró (Juan 11:35).

Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; Y salvará á los contritos de espíritu.

Sal 34:18 · Reina-Valera 1909

MacDonald escribe que Dios resiste a los soberbios, pero se mantiene accesible a los de corazón quebrantado. Dios no mira nuestro dolor desde una distancia segura. En la cruz, Jesús cargó con el peor sufrimiento, el juicio por el pecado, para que pudiéramos ser perdonados y reconciliados con Dios.

Dios puede sacar bien del sufrimiento

La Biblia nunca llama bueno al mal. Pero muestra que Dios puede obrar a través de lo malo y doloroso para cumplir sus propósitos. José fue vendido como esclavo por sus hermanos, pero años después les dijo que Dios había convertido su mal plan en bien (Génesis 50:20).

Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados.

Ro 8:28 · Reina-Valera 1909

Esta promesa no dice que todo lo que sucede sea bueno. Dice que todas las cosas cooperan para bien de los que aman a Dios. MacDonald reconoce que a veces, en medio de una tragedia, no vemos qué bien puede salir de ella, pero el versículo siguiente da la respuesta: todo lo que Dios permite busca hacernos semejantes a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29).

Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria;

2 Co 4:17 · Reina-Valera 1909

Pablo no hablaba a la ligera. Fue azotado, naufragó y estuvo en prisión. MacArthur explica que Pablo llama casi sin peso a sus aflicciones, mientras que la gloria futura es como una carga pesada que lo supera todo. Las pruebas también ponen a prueba la fe y producen paciencia (Santiago 1:2–4). Henry aconseja no orar tanto por que se quite la aflicción como por sabiduría para aprovecharla bien. Cuando Pablo pidió ser librado de su aguijón en la carne, Dios no se lo quitó, pero le prometió una gracia suficiente (2 Corintios 12:9).

El sufrimiento no tendrá la última palabra

Jesús no prometió a sus seguidores una vida fácil. Les dijo claramente que tendrían aflicción, pero también les dio motivo para tener ánimo.

Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.

Jn 16:33 · Reina-Valera 1909

MacArthur escribe que la victoria de Cristo sobre el mundo es la base para resistir en la persecución: con su muerte dejó sin poder la hostilidad del mundo. Esa victoria apunta a un futuro que la Biblia describe con gran ternura.

Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.

Ap 21:4 · Reina-Valera 1909

Un día Dios hará nuevas todas las cosas, y la muerte, el llanto y el dolor desaparecerán para siempre. Pablo dice que las aflicciones del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria venidera (Romanos 8:18).

Mientras tanto, llorar o preguntarle a Dios por qué no es falta de fe. Muchos salmos son gritos sinceros de dolor (Salmo 13), y tú puedes llevar tus preguntas a Dios de la misma manera. No cargues solo con tu peso: habla con personas de confianza o con un pastor y, si el dolor se vuelve abrumador, busca también la ayuda de un profesional. Puede que Dios no responda cada porqué, pero se da a sí mismo y promete que el sufrimiento terminará.