¿Qué pasa cuando morimos según la Biblia?

Respuesta breve

La Biblia enseña que la muerte no es el final: el cuerpo vuelve al polvo, pero la persona sigue viviendo y comparecerá ante el juicio de Dios. Quienes confían en Jesús van de inmediato a estar con el Señor y un día resucitarán con un cuerpo nuevo.

Tarde o temprano todos nos hacemos esta pregunta, muchas veces cuando muere alguien cercano. La Biblia no responde a todos los detalles, pero habla con claridad de la muerte, de lo que viene después y de la esperanza que trae Jesucristo.

La muerte no es el final

Cuando una persona muere, el cuerpo vuelve a la tierra de la que fue tomado y el espíritu vuelve a Dios, que lo dio (Eclesiastés 12:7). Jamieson, Fausset y Brown ven en este versículo que el espíritu sigue viviendo y no se disuelve en Dios. El Nuevo Testamento habla con más claridad de lo que viene después.

La muerte entró en el mundo por el pecado (Romanos 5:12), y Pablo la llama el último enemigo que Cristo destruirá (1 Corintios 15:26).

Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y después el juicio;

He 9:27 · Reina-Valera 1909

Este versículo dice dos cosas. Primero, la persona muere una sola vez: no hay reencarnación ni una serie de vidas. John MacArthur lo llama una regla general para toda la humanidad, con muy raras excepciones como Lázaro. Segundo, después viene el juicio: todos daremos cuenta ante Cristo (2 Corintios 5:10).

Los creyentes van a estar con el Señor

Para los que pertenecen a Jesús, las palabras de la Biblia sobre lo que sigue a la muerte están llenas de consuelo. El ejemplo más claro viene de la cruz. Uno de los criminales crucificados junto a Jesús reconoció que merecía su castigo, se volvió a Jesús y le pidió que se acordara de él cuando viniera en su reino. Jesús le respondió:

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lc 23:43 · Reina-Valera 1909

Jesús le prometió más de lo que pedía: no en un futuro lejano, sino ese mismo día. Matthew Henry advierte, sin embargo, que esto no autoriza a nadie a dejar el arrepentimiento para el lecho de muerte, porque el arrepentimiento tardío rara vez es verdadero.

Pablo habla de la misma manera. Para él, salir del cuerpo significa estar en casa con el Señor.

Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.

2 Co 5:8 · Reina-Valera 1909

En otra carta Pablo dice que desea partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (Filipenses 1:23). MacArthur explica que Pablo esperaba, al morir, una comunión completa, consciente e íntima con el Señor. William MacDonald señala que Pablo no creía en ninguna teoría del «sueño del alma».

La historia que Jesús contó sobre el rico y Lázaro también muestra a personas conscientes después de la muerte, con su destino ya decidido (Lucas 16:19–31). Las notas de la Biblia de Ginebra advierten que allí las realidades espirituales se describen con imágenes, así que no conviene forzar cada detalle.

¿Y la imagen bíblica de la muerte como un sueño (1 Tesalonicenses 4:13)? Algunos cristianos entienden que los muertos están inconscientes hasta la resurrección. MacArthur explica, en cambio, que el «sueño» describe el cuerpo que yace muerto, no el alma. El cuerpo descansa en la tumba, pero el creyente está con Cristo.

La resurrección todavía está por delante

Estar con Cristo después de la muerte aún no es la meta final. Pablo describe cómo el Señor descenderá del cielo, los muertos en Cristo resucitarán primero y luego todo su pueblo estará con Él para siempre (1 Tesalonicenses 4:16–17). Los creyentes que estén vivos no morirán, sino que serán transformados en un instante, y los muertos resucitarán incorruptibles (1 Corintios 15:52).

La esperanza cristiana, entonces, no es una existencia sin fin como alma sin cuerpo. Cristo transformará nuestro cuerpo humilde para que sea semejante a su cuerpo glorioso (Filipenses 3:20–21). En la nueva creación de Dios ya no habrá muerte, ni llanto, ni dolor (Apocalipsis 21:4).

La Biblia también es honesta al decir que la resurrección tiene dos desenlaces. Jesús dijo que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán: unos a resurrección de vida y otros a resurrección de condenación (Juan 5:28–29). MacArthur subraya que Jesús no enseña aquí la salvación por obras: las obras solo muestran si alguien ha recibido o rechazado al Hijo. Jesús habló del castigo eterno y de la vida eterna en una misma frase (Mateo 25:46), y en griego se usa la misma palabra para ambos. Lo que decide el desenlace es si la persona ha creído en el Hijo de Dios (Juan 3:36).

Una esperanza más fuerte que la muerte

Marta creía que su hermano Lázaro resucitaría en el día final. Jesús llevó su mirada de aquel día lejano a sí mismo.

Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Jn 11:25–26 · Reina-Valera 1909

MacArthur escribe que Jesús lleva a Marta de una fe abstracta en la resurrección futura a la fe en Él mismo: fuera del Hijo de Dios no hay resurrección ni vida eterna. Jesús lo demostró al resucitar como el primero de todos los que resucitarán (1 Corintios 15:20).

Esto no significa que los cristianos no sientan dolor. El propio Jesús lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35). Matthew Henry escribe que es legítimo llorar por la muerte de los seres queridos, pero el dolor no debe ser excesivo, como el de quienes no tienen esperanza de una vida mejor (1 Tesalonicenses 4:13).

Lo que pasa cuando morimos depende de nuestra relación con Jesús. Por la fe en Él, la muerte se convierte en la entrada a su presencia y, al final, a la vida de la resurrección. Después de su promesa, Jesús le preguntó a Marta si creía esto, y nos hace la misma pregunta a cada uno de nosotros (Juan 11:26).