¿Cómo orar a Dios?
Ora a Dios con sinceridad, como a tu Padre, acercándote a Él por medio de Jesús y no por tus propios méritos. Usa el Padre Nuestro como modelo, presenta a Dios cada necesidad y preocupación con gratitud y persevera en la oración.
Muchas personas quieren orar, pero no saben cómo empezar. Se preguntan si hacen falta palabras especiales, una postura determinada o un lugar santo. Jesús no dio a Sus discípulos una técnica. Les mostró con qué corazón se ora y les dio palabras para comenzar.
Orar es hablar con sinceridad con tu Padre
En el Sermón del Monte, Jesús advirtió contra dos faltas en la oración. Matthew Henry las llama vanagloria y vanas repeticiones: orar para que la gente nos admire y amontonar palabras como si a Dios se le pudiera convencer.
Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago. Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
Mt 6:5–8 · Reina-Valera 1909
Jesús no condena la oración en público como tal. El comentario de Jamieson, Fausset y Brown señala que se puede orar en cualquier lugar, siempre que no sea para ser visto. John MacArthur añade que la oración no debe convertirse en frases recitadas sin pensar, aunque esto no prohíbe insistir ante Dios en una misma petición.
¿Para qué orar, si el Padre ya sabe lo que necesitamos? William MacDonald responde que en la oración reconocemos nuestra dependencia de Dios, y que Dios hace en respuesta a la oración lo que de otro modo no haría.
Podemos acercarnos con confianza, no porque seamos lo bastante buenos, sino porque Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Por eso la carta a los Hebreos invita a los creyentes a acercarse confiadamente al trono de la gracia (Hebreos 4:16). Orar en el nombre de Jesús (Juan 14:13) no es añadir una fórmula al final. Según MacArthur, significa pedir para Sus propósitos y Su gloria, apoyándonos en Sus méritos y no en los nuestros.
Aun cuando no sabemos qué decir, no estamos solos. Pablo escribe que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad e intercede por nosotros (Romanos 8:26). Henry explica que el Espíritu nos enseña qué pedir y despierta anhelos de Dios que a menudo van más allá de las palabras.
Jesús nos dio un modelo
Justo después de Su advertencia, Jesús dio a Sus discípulos el Padre Nuestro (Mateo 6:9–13). Henry observa que no estamos atados a usar solo estas palabras, pero que es muy bueno usarlas si las oramos con entendimiento. La oración muestra también el orden correcto:
- Primero la honra de Dios. Las primeras peticiones son sobre Dios: que Su nombre sea santificado, que venga Su reino y que se haga Su voluntad en la tierra como en el cielo. MacDonald escribe que conviene empezar con adoración y poner primero los intereses de Dios.
- Después nuestras necesidades. Solo entonces pedimos el pan de cada día, el perdón, así como perdonamos a otros, y protección frente a la tentación y el mal. Nada es demasiado cotidiano para llevarlo a Dios.
No hace falta seguir este orden de manera mecánica. Pero cuando no sabes qué orar, te da un punto de partida. Cada petición se explica en ¿Qué significa el Padre Nuestro?.