Versículos de sanidad y oración por los enfermos

Tarde o temprano la enfermedad nos toca a todos, en nuestro propio cuerpo o en la vida de las personas que amamos. La Biblia no aparta la mirada de la enfermedad. En sus páginas hay muchas personas que estuvieron enfermas, que oraron pidiendo sanidad y que clamaron a Dios cuando ya no tenían fuerzas.

La Escritura muestra que a Dios le importa la persona entera, cuerpo y alma, y sanar a los enfermos ocupó un gran lugar en el ministerio de Jesús. También une la sanidad del cuerpo con la sanidad más profunda del alma, la del pecado. No toda enfermedad desaparece en esta vida: el mismo Pablo oyó que le bastaba la gracia de Dios. La sanidad completa llegará cuando Dios haga nuevas todas las cosas.

Estos versículos pueden ayudarle a orar por sanidad, por usted o por otra persona, y a aferrarse a Dios mientras espera. Al final encontrará una breve oración.

El Señor que sana

Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, é hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído á sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié á los Egipcios te enviaré á ti; porque yo soy Jehová tu Sanador.

Ex 15:26 · Reina-Valera 1909

Dios dijo estas palabras en Mara, donde acababa de convertir el agua amarga en dulce. La promesa estaba unida a escuchar Su voz y guardar Sus mandamientos. John MacArthur explica que fue dada a Israel en el contexto del éxodo y probablemente solo para ese tiempo; aun así revela quién es Dios: el Señor que sana.

Bendice, alma mía, á Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;

Sal 103:2–3 · Reina-Valera 1909

David llama a su propia alma a no olvidar los beneficios de Dios. El perdón aparece primero en la lista, y las enfermedades del cuerpo se nombran junto a la enfermedad del alma, el pecado.

El sana á los quebrantados de corazón, Y liga sus heridas.

Sal 147:3 · Reina-Valera 1909

Estas palabras se refieren primero al pueblo que Dios trajo de vuelta del largo cautiverio en Babilonia, cuyo corazón estaba quebrantado. Pero describen cómo es Dios siempre, y Jesús las retomó al hablar de Su misión (Lucas 4:18).

Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo: porque tú eres mi alabanza.

Jer 17:14 · Reina-Valera 1909

Jeremías oró así cuando sus enemigos se burlaban de sus fieles advertencias. MacArthur señala que pidió ser librado de ellos y que, aun así, Dios seguía siendo su alabanza. Solo está verdaderamente sano aquel a quien Dios sana.

Jesús, el Sanador

Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

Is 53:5 · Reina-Valera 1909

Isaías describe al Siervo sufriente, a quien el Nuevo Testamento reconoce como Jesús. MacArthur subraya que no sufrió por Sus propios pecados, sino en lugar de los pecadores. Jamieson, Fausset y Brown entienden aquí ante todo la sanidad espiritual del alma.

Y rodeó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Mt 4:23 · Reina-Valera 1909

Jesús enseñaba, predicaba y sanaba: según MacArthur, los tres aspectos principales de Su ministerio. Matthew Henry ve en Sus sanidades señales del poder sanador de Su enseñanza, y añade que hoy, si somos curados por medio de la medicina, la alabanza le pertenece igualmente a Él.

Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.

Mr 5:34 · Reina-Valera 1909

Tras doce años de enfermedad, una mujer tocó el manto de Jesús y fue sanada al instante, aunque tenía miedo de reconocerlo. Jesús la llamó hija, confirmó su sanidad y la despidió en paz.

El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.

1 P 2:24 · Reina-Valera 1909

Pedro aplica las palabras de Isaías a la cruz. Cristo no sufrió solo como ejemplo, sino en nuestro lugar: llevó el castigo de nuestros pecados. La herida más profunda, el pecado, la sana Él.

Orar mientras espera

¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados.

Stg 5:14–15 · Reina-Valera 1909

Santiago pide a los creyentes enfermos que llamen a los ancianos de la iglesia para que oren por ellos. MacArthur explica que ungir con aceite puede referirse a un rito, a un tratamiento médico o a un gesto de ánimo y fortaleza. Henry recalca que la sanidad no se atribuye al aceite, sino a la oración de fe.

Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor: Mullirás toda su cama en su enfermedad.

Sal 41:3 · Reina-Valera 1909

Esta promesa es para quien se ocupa del pobre y del débil (Salmo 41:1). Dios aparece como un enfermero tierno que arregla la cama del enfermo para que descanse mejor.

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.

2 Co 12:9 · Reina-Valera 1909

Pablo pidió tres veces al Señor que le quitara el aguijón en la carne. Henry observa que no se nos dice qué era. William MacDonald explica que Pablo recibió una respuesta distinta de la que esperaba: Dios no le quitó el aguijón, sino que le dio gracia para soportarlo. A veces la respuesta de Dios no es la curación, sino fuerza para seguir.

Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.

Ap 21:4 · Reina-Valera 1909

Esta es la esperanza final detrás de cada oración por sanidad. MacDonald aclara que no significa que en el cielo haya lágrimas: allí no habrá muerte, ni llanto, ni enfermedad.

Una oración de sanidad

No necesita palabras especiales para pedirle a Dios sanidad. Puede orar con sus propias palabras o usar esta sencilla oración, basada en los versículos anteriores:

Señor, tú eres el Dios que sana. Conoces mi cuerpo y todo lo que me preocupa mejor que yo. Te traigo esta enfermedad y te pido que me sanes. Da sabiduría a los médicos y enfermeros que me atienden, y bendice el tratamiento. Quita mi miedo y dame tu paz. Si el camino es largo, que tu gracia me baste cada día. Gracias porque en Jesús estoy perdonado y porque un día ya no habrá más dolor. Pongo mi vida en tus manos. En el nombre de Jesús, amén.

Si ora por otra persona, puede hacerlo de la misma manera: diga su nombre, pida a Dios que la sane y que esté cerca de ella, y pídale fuerzas para quienes la cuidan. También ayuda pedir a su iglesia o a sus amigos que oren con usted, como anima Santiago (Santiago 5:16).

La oración y la atención médica van de la mano. Lucas, el compañero de Pablo, era médico (Colosenses 4:14), y Pablo le aconsejó a Timoteo un remedio sencillo para sus frecuentes malestares (1 Timoteo 5:23). Siga orando, y siga yendo al médico y siguiendo el tratamiento indicado.