Parábola del sembrador: explicación

Respuesta breve

Jesús compara la palabra de Dios con una semilla que cae en cuatro clases de terreno: el camino endurecido, los pedregales, los espinos y la buena tierra. Él mismo explicó la parábola: los terrenos son cuatro clases de oyentes, y solo quien oye la palabra, la entiende y la retiene da fruto duradero.

La parábola del sembrador abre el capítulo de las parábolas en el Evangelio de Mateo (Mateo 13:1–23), y también la registran Marcos y Lucas (Marcos 4:1–20, Lucas 8:4–15). Es una de las pocas parábolas que Jesús explicó Él mismo a sus discípulos. En Marcos les pregunta cómo entenderán las demás parábolas si no entienden esta (Marcos 4:13): es como la llave de todas las otras.

Warren Wiersbe define la parábola como una historia en la que algo conocido explica algo desconocido. Aquí lo conocido es un campo sembrado.

La historia junto al lago

Se reunió tanta gente que Jesús subió a una barca y enseñaba desde el agua, mientras la multitud estaba en la orilla del mar de Galilea.

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.

Mt 13:3–4 · Reina-Valera 1909

La semilla cae en cuatro clases de terreno (Mateo 13:5–8). John MacArthur explica lo que un agricultor de Galilea tenía en mente. Los campos estaban bordeados por senderos endurecidos por los que pasaban. Los pedregales eran una capa delgada de tierra sobre la roca, que parece fértil pero no retiene raíces profundas ni agua. Los espinos eran malezas cuyas raíces habían quedado en el suelo después de arar. Solo la última tierra da cosecha.

Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta. Quien tiene oídos para oir, oiga.

Mt 13:8–9 · Reina-Valera 1909

William MacDonald observa que Jesús termina con una advertencia: no es una simple historia de agricultura, y nadie debe perderse su significado.

Por qué Jesús hablaba en parábolas

Los discípulos le preguntaron por qué enseñaba así a la gente.

Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido.

Mt 13:10–11 · Reina-Valera 1909

Luego Jesús citó a Isaías sobre personas que miran y no ven, oyen y no entienden (Mateo 13:13–15, Isaías 6:9–10). Wiersbe explica que las parábolas despertaban la curiosidad de quienes de verdad querían conocer la verdad, y al mismo tiempo la escondían de los rebeldes. MacArthur añade que ocultar la verdad a quienes ya habían rechazado la luz era a la vez juicio y misericordia: más luz solo habría aumentado su culpa.

Jesús explica los cuatro terrenos

La semilla es la palabra de Dios, el mensaje del reino. Los terrenos son los corazones de quienes la oyen.

Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra: Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.

Mt 13:18–19 · Reina-Valera 1909

El camino duro es el oyente en quien la palabra no deja huella, y las aves representan al maligno que se la lleva. Matthew Henry compara a Satanás con un gran ladrón de sermones que nos robará la palabra si no tenemos cuidado de guardarla. MacDonald añade que estas personas no entienden, no porque no puedan, sino porque no quieren.

Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.

Mt 13:20–21 · Reina-Valera 1909

Los pedregales son la respuesta rápida y alegre que no tiene raíz. MacArthur la describe como una decisión emotiva y superficial que dura mientras la fe no cuesta nada. Cuando llegan la aflicción o la persecución, ese oyente tropieza y se aparta.

Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.

Mt 13:22 · Reina-Valera 1909

El terreno con espinos es el oyente cuyo interés por la palabra se ahoga poco a poco entre las preocupaciones y el atractivo del dinero. Henry señala que las riquezas solo nos engañan cuando ponemos en ellas nuestra confianza.

Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.

Mt 13:23 · Reina-Valera 1909

La buena tierra es quien oye, entiende y da fruto. MacArthur nota que no todos los creyentes son igual de fructíferos, pero todos dan fruto. Henry hace una observación consoladora: no se dice que la buena tierra no tenga piedras ni espinos, sino que nada de eso le impide dar fruto.

¿Qué clase de oyente soy?

MacDonald resume los tres enemigos de la semilla en esta parábola: el diablo, que arrebata la palabra; la aflicción y la persecución, que queman la fe superficial; y el mundo, cuyos afanes y riquezas la ahogan. Los mismos enemigos siguen obrando hoy.

La parábola también prepara a quienes comparten el evangelio. MacDonald escribe que preparó a los discípulos para el hecho sobrio de que no todos los que oyen el mensaje llegarán a creer de verdad. Pero la cosecha de la buena tierra, treinta, sesenta y cien veces lo sembrado, no se puede medir.

Sobre todo, la parábola le hace a cada lector una pregunta personal. Oír la palabra no basta. Santiago nos llama a ser hacedores de la palabra y no solo oidores (Santiago 1:22). Jesús nos invita a recibir la palabra con un corazón abierto, a aferrarnos a ella cuando cuesta y a dejar que dé fruto en nuestra vida.