Cómo estudiar la Biblia: guía para principiantes

Respuesta breve

Estudiar la Biblia es leer despacio haciéndose tres preguntas: qué dice el texto, qué significó para sus primeros lectores y qué cambia en mi vida. Comience con oración, lea cada pasaje en su contexto, deje que la Escritura explique la Escritura y ponga en práctica lo que aprende.

Leer la Biblia y estudiarla no es exactamente lo mismo. Al leer seguimos el relato. Al estudiar vamos más despacio y preguntamos qué dice un pasaje, qué significa y qué nos pide. A eso mismo animaba Pablo a Timoteo:

Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.

2 Ti 2:15 · Reina-Valera 1909

La expresión que se traduce como usar bien la palabra significa literalmente hacer un corte recto. John MacArthur la compara con la precisión de un artesano, como un fabricante de tiendas igual que el propio Pablo: un corte descuidado arruina todo el trabajo. William MacDonald explica que se trata de manejar correctamente las Escrituras y transmitir la verdad sin adulterarla. Para estudiar así no hace falta ser un erudito. Hacen falta tiempo, atención y unas cuantas buenas preguntas.

Comience pidiendo luz a Dios

El estudio bíblico empieza con la oración, porque quien nos dio las Escrituras es quien nos las abre.

Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.

Sal 119:18 · Reina-Valera 1909

MacArthur dice que quizá sea esta la suprema oración de quien estudia las Escrituras: reconoce la incapacidad del estudiante y la suficiencia del Autor divino. MacDonald añade que la Biblia está llena de maravillas y riquezas espirituales que quedan escondidas a una mirada casual; necesitamos que se nos abran los ojos para verlas. La Escritura es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), y por eso conviene pedir luz a su Autor.

Observe: ¿qué dice el texto?

El primer paso es simplemente ver lo que está escrito. Cuando Pablo predicó en Berea, los oyentes no aceptaron su enseñanza a ciegas ni la rechazaron sin más. La examinaron a la luz de las Escrituras:

Y fueron estós más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.

Hch 17:11 · Reina-Valera 1909

Matthew Henry señala que los de Berea compararon lo que oían con lo que leían, y que la doctrina de Cristo no teme ese examen. MacDonald destaca que tenían la mente abierta, pero contrastaban todo lo que se les enseñaba con la Palabra.

Observar bien requiere algunos hábitos:

  • Lea todo el pasaje y luego vuelva a leerlo. Fíjese en el párrafo o el capítulo que rodea al versículo y, si puede, en todo el libro. Un versículo sacado de su contexto puede hacerse decir casi cualquier cosa.
  • Haga preguntas sencillas. ¿Quién habla y a quién? ¿Qué sucede? ¿Qué palabras se repiten? ¿Qué manda, promete o advierte el autor?
  • Anote lo que ve. Un cuaderno le obliga a ir más despacio y le ayuda a notar detalles que de otro modo se le escaparían.

Interprete: ¿qué significaba?

Cuando haya visto lo que dice el texto, pregúntese qué quería decir el autor a sus primeros lectores. Cuando Esdras leyó la Ley al pueblo que había vuelto del exilio, los levitas le ayudaron a entenderla:

Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

Neh 8:8 · Reina-Valera 1909

MacArthur admite que esto pudo incluir la traducción para quienes en el exilio solo habían aprendido arameo, pero cree más probable que se tratara de explicar el texto por partes para que el pueblo lo comprendiera. Añade que en esta escena se ve el compromiso de Esdras de estudiar la ley, practicarla y luego enseñarla, un buen orden para cualquier estudiante de la Biblia.

Algunos principios ayudan:

  • Deje que la Escritura explique la Escritura. Los pasajes claros arrojan luz sobre los difíciles, y las referencias cruzadas de una Biblia de estudio le ayudan a encontrarlos.
  • Fíjese en el tipo de texto. Un salmo es poesía, una parábola es una historia con un punto central y una carta responde a preguntas reales de una iglesia. Cada uno se lee a su manera.
  • Lea a la luz de Cristo. En el camino a Emaús, Jesús comenzó desde Moisés y todos los profetas y explicó lo que las Escrituras decían de él (Lucas 24:27). Toda la Biblia apunta a él.
  • Use buenas ayudas. Un comentario fiable, un diccionario bíblico y una segunda traducción son muy útiles. Contrástelos con el texto en lugar de dejar que lo sustituyan.

Aplique: ¿cómo debo vivir?

El estudio no termina cuando entendemos un pasaje. Santiago advierte que no nos quedemos a mitad de camino:

Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos.

Stg 1:22 · Reina-Valera 1909

MacDonald insiste en que de nada sirve tener una Biblia, o incluso leerla como literatura, si no dejamos que cambie nuestra vida. Santiago compara al que solo oye con un hombre que se mira de pasada en un espejo y enseguida olvida cómo era (Santiago 1:23–25). MacArthur explica que la palabra que describe el mirar atentamente la ley indica una mirada cuidadosa, lo contrario de un vistazo casual.

Por eso termine cada estudio con preguntas sinceras. ¿Hay un pecado que confesar, una promesa en la que confiar, un mandamiento que obedecer, un ejemplo que seguir? Anote un paso concreto y ore por él.

Empiece poco a poco: un pasaje por semana, leído despacio con estas tres preguntas, es suficiente para comenzar. Cuando pueda, estudie la Biblia con otros, como el funcionario etíope que invitó con gusto a Felipe a explicarle al profeta (Hechos 8:31). Si apenas está empezando, lea ¿Por dónde empezar a leer la Biblia? Con el tiempo, estos hábitos convierten la lectura en comprensión, y la comprensión en una vida formada por la Palabra de Dios.