Parábola del hijo pródigo: explicación y reflexión

Respuesta breve

Es una historia de Jesús sobre un hijo que malgasta su herencia, vuelve a casa avergonzado y es recibido por un padre que corre a su encuentro. Muestra con cuánta alegría Dios recibe a los pecadores que se arrepienten y desenmascara al hermano mayor, que se resiente de esa gracia.

La parábola del hijo pródigo es una de las historias más conocidas que contó Jesús (Lucas 15:11–32). «Pródigo» significa derrochador, y el hijo menor lo fue. Pero la historia tiene tres personajes, y los comentaristas coinciden en que el padre y el hermano mayor importan tanto como el hijo que se fue.

Por qué Jesús contó esta historia

Lucas cuenta qué la motivó.

Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

Lc 15:1–2 · Reina-Valera 1909

Los publicanos cobraban impuestos para Roma, y Warren Wiersbe explica que los «pecadores» eran judíos que no guardaban la ley ni las tradiciones de los ancianos y por eso eran marginados en Israel. John MacArthur llama a la acusación de que Jesús recibe a los pecadores la clave de las tres parábolas que siguen.

Jesús responde con un pastor que encuentra una oveja perdida (Lucas 15:3–7), una mujer que encuentra una moneda perdida (Lucas 15:8–10) y un padre que recupera a su hijo. Cada historia termina en alegría. William MacDonald resume su sentido: Dios se goza cuando los pecadores se arrepienten y no se complace en el orgullo de quienes no admiten que están perdidos.

La historia en breve

El menor de dos hijos pide su parte de la herencia mientras su padre aún vive.

Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

Lc 15:11–13 · Reina-Valera 1909

Los comentaristas valoran la petición de forma distinta. MacArthur y Wiersbe la ven casi como desear la muerte del padre. Albert Barnes y Adam Clarke señalan que en el mundo antiguo un hijo a veces podía reclamar su parte antes de tiempo. En todo caso, Matthew Henry señala la raíz: es malo ver los dones de Dios como deudas que se nos deben.

Se acaba el dinero, llega el hambre y el joven termina cuidando cerdos. Para un judío, escribe MacArthur, era difícil imaginar una caída más baja, porque los cerdos eran los animales más inmundos. Entonces vuelve en sí.

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

Lc 15:17–19 · Reina-Valera 1909

Prepara lo que dirá y regresa a casa, esperando a lo sumo ser un jornalero. Pero su padre lo ve primero.

Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

Lc 15:20 · Reina-Valera 1909

Según MacArthur, el padre había esperado y anhelado su regreso, y su carrera muestra su entusiasmo y su gozo. Wiersbe añade que en Oriente no era común que un hombre mayor corriera. El padre ni siquiera deja que el hijo termine su discurso sobre ser jornalero.

Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.

Lc 15:22–24 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica los regalos: el mejor vestido, reservado para un invitado de honor; el anillo, señal de autoridad; y el calzado, que los esclavos no solían llevar. Todo dice lo mismo: este es un hijo, no un siervo.

El hermano mayor

La parábola no termina con la fiesta. El hijo mayor vuelve del campo, oye la música y no quiere entrar.

Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.

Lc 15:28–30 · Reina-Valera 1909

Llama al que volvió hijo de su padre, no hermano suyo. MacArthur observa que su queja revela que servía por lo que podía obtener, y que esa justicia propia, aunque más respetable que los pecados de su hermano, ofendía al padre igual. Aun así, el padre sale también a buscarlo.

El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

Lc 15:31–32 · Reina-Valera 1909

MacArthur, MacDonald, Wiersbe y Henry ven en el hermano mayor una imagen de los fariseos y escribas que murmuraban contra Jesús, y en el menor a los publicanos y pecadores. Wiersbe recuerda que hay pecados de la carne y también del espíritu: un espíritu crítico, orgulloso y sin perdón. Jesús no dice si el hermano mayor entró. La pregunta queda para quienes escuchan.

Lo que enseña la parábola

Primero, muestra qué es el arrepentimiento. Al volver en sí, el hijo no solo ve su miseria; según MacArthur, también entiende la gravedad de su pecado contra Dios y contra su padre. Luego se levanta y vuelve a casa.

Segundo, muestra la gracia de Dios. El hijo es restaurado antes de demostrar nada. Pablo escribe que Dios mostró su amor en que Cristo murió por nosotros siendo aún pecadores (Romanos 5:8), y que somos salvos por gracia por medio de la fe, no por obras (Efesios 2:8–9). Puedes leer más en ¿Qué es la gracia?

Tercero, advierte contra el espíritu del hermano mayor. Uno puede estar siempre cerca de la casa del Padre y no compartir su alegría.

Así, la parábola invita en dos direcciones. Si estás lejos como el hijo menor, el camino a casa está abierto. Si te pareces más al mayor, el Padre sale también a tu encuentro. Jesús vino a buscar a los perdidos y llevarlos a casa (Lucas 19:10).