Parábola de los talentos: explicación

Respuesta breve

Un señor que se va de viaje confía a sus siervos grandes sumas de dinero; al volver, recompensa a los dos que negociaron con ellas y condena al que, por miedo, enterró su talento. Jesús enseña que sus seguidores deben servirle fielmente con todo lo que Él les ha confiado hasta que regrese.

Jesús contó la parábola de los talentos pocos días antes de su muerte, en su enseñanza en el monte de los Olivos sobre su regreso (Mateo 25:14–30). Está entre la parábola de las diez vírgenes y la escena del juicio final, y las tres hablan del tiempo en que el Señor está ausente.

Qué era un talento

Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.

Mt 25:14–15 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que el talento era una unidad de peso, no una moneda, y que un talento de plata era una suma de dinero muy grande. Incluso el siervo que recibió uno solo recibió mucho. Nuestra palabra «talento», en el sentido de aptitud natural, viene precisamente de esta parábola. MacArthur advierte que por eso muchos la leen solo como una lección sobre desarrollar habilidades, cuando su asunto principal es la fidelidad al Señor ausente.

El señor da a cada uno conforme a su capacidad. No pone la misma tarea sobre todos, sino a cada uno la que puede llevar.

Dos siervos fieles

Los dos primeros siervos se pusieron a trabajar enseguida y duplicaron lo recibido (Mateo 25:16–17). Después de mucho tiempo, el señor volvió a arreglar cuentas con ellos.

Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

Mt 25:19–21 · Reina-Valera 1909

El siervo de los dos talentos oye exactamente el mismo elogio (Mateo 25:22–23). MacArthur saca la lección: la recompensa no depende de la cantidad, sino de la fidelidad. William MacDonald añade que el señor no se fijó tanto en cuánto había ganado cada uno como en la diligencia con que había trabajado. El creyente fiel en un lugar pequeño es honrado tanto como quien tiene una tarea grande.

El siervo que enterró su talento

Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.

Mt 25:24–25 · Reina-Valera 1909

El tercer siervo no trae ganancias, sino excusas. Culpa a su señor y admite que tuvo miedo. Matthew Henry ve en él a quienes piensan que es imposible agradar a Dios e inútil servirle, y por eso no hacen nada; en el fondo, lo que no les gusta es el carácter y la obra del Señor. MacArthur y MacDonald concluyen que este hombre nunca conoció de verdad a su señor.

Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.

Mt 25:26–27 · Reina-Valera 1909

MacDonald señala que el señor no acepta la acusación. Toma al siervo por su palabra: si me creías tan exigente, con más razón debiste poner el dinero a producir, aunque fuera con los banqueros. Sus propias palabras lo condenan.

Porque a cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

Mt 25:29 · Reina-Valera 1909

Este es el principio de la parábola. MacDonald lo explica con sencillez: perdemos lo que no usamos, y quienes emplean lo que Dios les da para su gloria reciben más oportunidades de servir. Luego el siervo es echado fuera (Mateo 25:30). Según MacDonald, no lo condenó una mala inversión; la ausencia de todo fruto mostró que le faltaba la fe que salva.

Los talentos y las minas

Lucas recoge una historia parecida sobre un hombre noble que dio una mina a cada uno de diez siervos (Lucas 19:11–27). MacArthur muestra que es otra parábola, con diferencias importantes: la mina equivalía a poco más de tres meses de salario, mucho menos que un talento, y Jesús la contó camino a Jerusalén, cuando sus oyentes pensaban que el reino de Dios iba a aparecer de inmediato (Lucas 19:11). Henry sugiere una diferencia de sentido: la misma mina para todos puede representar el evangelio, que es igual para todos los que lo oyen, mientras que los distintos talentos representan las diferentes capacidades y oportunidades que Dios da a cada persona.

Qué significa la parábola para nosotros

Henry comienza su comentario con una idea breve: Cristo no tiene siervos para que estén ociosos. Todo lo que tenemos, tiempo, dones, dinero y el mismo conocimiento del evangelio, nos lo ha confiado el Señor, y daremos cuenta de ello. Pedro dice lo mismo: cada creyente debe usar el don recibido para servir a los demás (1 Pedro 4:10).

Esto no significa que ganemos la salvación siendo útiles. Henry aclara que desarrollar nuestras capacidades naturales no da derecho a la gracia de Dios. La salvación es un regalo que se recibe por la fe. Pero la fe verdadera no entierra lo que ha recibido. Trabaja por amor al Señor y espera el elogio y el gozo prometidos a los siervos fieles. Pablo resume lo único que se pide a los administradores: que sean hallados fieles (1 Corintios 4:2).