¿Van las mascotas al cielo?

Respuesta breve

La Biblia no dice si nuestras mascotas estarán en el cielo. Muestra que Dios cuida de cada animal y promete renovar toda la creación, por eso muchos cristianos lo esperan, pero la Escritura no da ninguna promesa sobre una mascota en particular.

Quien ha querido a un perro, a un gato o a un caballo sabe lo duro que es perderlo, y muchos se preguntan si volverán a ver a su mascota. Es una pregunta legítima y muy humana. La Biblia no la responde directamente. Pero dice lo bastante sobre los animales, la muerte y la nueva creación como para que pensemos en ello con esperanza, sin afirmar más de lo que Dios ha dicho.

Dios cuida de los animales que hizo

Para Dios los animales no son un detalle. En un salmo de David se dice del Señor:

Tu justicia como los montes de Dios, Tus juicios abismo grande: Oh Jehová, al hombre y al animal conservas.

Sal 36:6 · Reina-Valera 1909

MacArthur señala que estos atributos de Dios son inmensurables, y MacDonald que su justicia es estable y digna de total confianza, como las grandes montañas. El versículo dice que ese mismo Dios cuida del hombre y de la bestia: la misma mano que nos sostiene a nosotros sostiene a los animales.

Esto no dice qué pasa con un animal después de morir. Pero dice quién es Dios: ve y sostiene a las criaturas que hizo. Nuestra tristeza por una mascota no es tonta; es un pequeño eco de su propio cuidado por ellas.

Lo que la Biblia no dice

El único pasaje que compara la muerte de las personas con la de los animales es sobrio:

Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad. Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo. ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?

Ec 3:19–21 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que Salomón no está contemplando el destino eterno, sino lo que la carne terrenal comparte en común: el final de hombres y animales es morir. A la vez, señala que Dios hizo eterna el alma humana. William MacDonald dice que la cuestión no es que el hombre sea un animal, sino que en un aspecto, la muerte, no tiene ventaja sobre ellos, y que la pregunta del versículo 21 es una pregunta humana y no una certidumbre divina. Del Nuevo Testamento sabemos, añade, que el espíritu del creyente va a estar con Cristo al morir.

De aquí sale lo principal. La Biblia enseña con claridad que el ser humano fue creado a imagen de Dios y para la eternidad. Sobre si los animales tienen el mismo destino eterno, no dice ni sí ni no. Aquí la Escritura simplemente calla.

La esperanza de una creación renovada

Pero la Biblia promete algo mayor: toda la creación será renovada. Isaías describe el reinado del Mesías:

Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.

Is 11:6 · Reina-Valera 1909

MacArthur sitúa estas palabras en el futuro reino milenario, cuando desaparecerá toda enemistad, incluida la que hay entre los hombres y los animales. MacDonald comenta que aun las bestias salvajes se someterán al gobierno del Mesías, de modo que un niño de pecho podrá jugar sobre la cueva del áspid.

Pablo habla de una esperanza que incluye más que a las personas:

Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Ro 8:21 · Reina-Valera 1909

MacDonald escribe que la creación mira atrás a las condiciones ideales del Edén, ve los estragos del pecado y sigue esperando el regreso de ese estado, cuando será libertada de la servidumbre de la corrupción. Estas palabras sugieren que los animales tienen un lugar en lo que Dios hace nuevo, pero no dicen nada de un animal concreto.

Qué decir a quien está de duelo

No debemos prometer lo que la Biblia no promete ni descartar la esperanza que deja abierta. Dios es bueno y, en la nueva creación, enjugará toda lágrima (Apocalipsis 21:4). No sabemos si estarán allí nuestras mascotas, pero podemos confiar en Aquel que las hizo y obra con bondad y generosidad. Mientras tanto, podemos darle gracias por el regalo de un compañero fiel.

Sobre todo, la Biblia dirige nuestra mirada a lo que es seguro: Jesús murió y resucitó para que vivamos con Dios para siempre (Juan 14:2–3). Esa esperanza es firme, y en ella se puede descansar.