¿Cómo es el cielo según la Biblia?
La Biblia describe el cielo como la casa del Padre, donde los creyentes viven con Cristo y con Dios mismo, en cuerpos nuevos, sin muerte, llanto ni dolor. Usa imágenes en lugar de un mapa, y su centro es la presencia de Dios.
Mucha gente imagina el cielo como nubes y arpas, o como una paz difusa en algún lugar de arriba. La Biblia dice del «paisaje» menos de lo que nos gustaría, pero lo que dice es muy rico: habla de un hogar, de una Persona, de un cuerpo transformado y de un mundo hecho nuevo.
Un hogar en la casa del Padre
La noche antes de morir, Jesús consoló a sus discípulos angustiados con una promesa.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Jn 14:2–3 · Reina-Valera 1909
Matthew Henry señala que aquí la felicidad del cielo se describe como la casa de un padre, con muchas moradas porque hay muchos hijos que llevar a la gloria. John Wesley añade que hay lugar para todos: los santos ángeles, los creyentes que nos precedieron y todos los que creen ahora. John MacArthur explica que la partida de Cristo les conviene: Él va a preparar un hogar celestial y volverá para llevárselos consigo. William MacDonald ve dos sentidos en «preparar lugar»: Jesús lo prepara primero en el Calvario, y vendrá otra vez cuando los muertos resuciten y los vivos sean transformados.
Así que el corazón del cielo no es un lugar, sino una Persona. Jesús promete que estaremos donde Él está.
Mejor de lo que podemos imaginar
Pablo habla de lo que Dios ha preparado para los que lo aman.
Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.
1 Co 2:9 · Reina-Valera 1909
Muchos leen estas palabras como una descripción del cielo. Sin embargo, MacArthur señala que con frecuencia se aplican mal: en su contexto hablan de la sabiduría de Dios preparada para los creyentes, que no se descubre ni por el ojo, ni por el oído, ni por el razonamiento. Wesley también ve en ellas las bendiciones del reino del Mesías. Así que no son una descripción de paisajes celestiales, pero recuerdan que lo que Dios da a los que lo aman supera toda expectativa humana.