¿Cómo leer la Biblia? Por dónde empezar

Respuesta breve

Comience con uno de los Evangelios, como Marcos o Juan, para conocer primero a Jesús. Lea un pasaje breve cada día, pídale a Dios que le ayude a entenderlo y lea junto con otros cristianos.

Muchas personas deciden leer la Biblia desde la primera página hasta la última. Disfrutan Génesis y Éxodo, y luego, en algún punto de las leyes de Levítico, se pierden y lo dejan sin decir nada. Eso no significa que la Biblia no sea para ellas. Significa que empezaron a conocer toda una biblioteca sacando el primer libro del estante.

La Biblia es una colección de 66 libros de distintos tipos: relatos, leyes, cantos, profecías y cartas. No hace falta leerlos en orden. Un buen punto de partida es aquel hacia el que apunta toda la Biblia: Jesucristo.

Empiece por la historia de Jesús

Los cuatro Evangelios cuentan la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Juan explica claramente por qué escribió su Evangelio:

Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Jn 20:31 · Reina-Valera 1909

John MacArthur llama a estos versículos la declaración del propósito de todo el Evangelio. Matthew Henry lo resume así: se escribió para que creamos que Jesús es el Mesías prometido y el Hijo de Dios, y por esa fe tengamos vida eterna.

Si es nuevo en la Biblia, comience con uno de estos:

  • El Evangelio de Marcos. El comentario de Jamieson, Fausset y Brown lo llama el más breve de los Evangelios, aunque vívido y práctico. Leyendo un capítulo al día, termina sus dieciséis capítulos en poco más de dos semanas (Marcos 1).
  • El Evangelio de Juan fue escrito justamente para que los lectores crean en Jesús y tengan vida (Juan 1). William MacDonald cierra su comentario de esas palabras con una pregunta sencilla al lector: ¿ha creído usted?

Después lea Lucas y su continuación, Hechos, que cuenta cómo los primeros cristianos llevaron las buenas noticias al mundo. Luego vuelva a Génesis para ver cómo comenzó la historia, y añada de vez en cuando un salmo (Salmo 23). Deje para más adelante los libros más difíciles, como Levítico o Apocalipsis.

Elija una traducción en lenguaje actual que entienda con facilidad.

Lea poco, pero cada día

Cuando Dios llamó a Josué a guiar a Israel, le dijo que mantuviera Su Palabra cerca y meditara en ella de día y de noche:

El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Jos 1:8 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que meditar es leer con atención y reflexionar en la Palabra de Dios, y recuerda que siempre fue el alimento principal de quienes servían a Dios: Job, el salmista, Jeremías y Jesús mismo. Henry añade que Josué debía meditar en la ley para entenderla, y que ninguna ocupación lo eximía de hacerlo. El primer salmo describe el mismo hábito (Salmo 1:2).

Por eso una lectura breve diaria es mejor que una larga de vez en cuando. Diez o quince minutos bastan. Algunos hábitos sencillos ayudan:

  • Elija un momento y un lugar. La mañana, la pausa del almuerzo o la noche antes de dormir. Lo importante es que se convierta en hábito.
  • Lea despacio y haga preguntas. Henry aconseja detenerse a menudo al leer y preguntar de quién y de qué habla el escritor, y sobre todo pensar en el Redentor.
  • Guarde un versículo. Anote un versículo que le haya llamado la atención y piense en él durante el día.

Si se salta un día, no se rinda ni intente ponerse al día con todo. Simplemente continúe donde lo dejó.

Ore y lea con otros

Antes de leer, pida ayuda a Dios, como el salmista oraba para que Dios abriera sus ojos y viera las maravillas de Su ley (Salmo 119:18). MacArthur considera esta petición quizá la mejor oración que puede hacer quien estudia las Escrituras, porque reconoce nuestra limitación y la sabiduría del Autor divino.

También ayuda no leer solo. Cuando Pablo predicó en Berea, los oyentes no se limitaron a creerle:

Y fueron estós más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.

Hch 17:11 · Reina-Valera 1909

Henry señala que los de Berea compararon lo que oían con las Escrituras, y que la doctrina de Cristo no teme ese examen. MacDonald observa que tenían la mente abierta a la enseñanza, pero lo verificaban todo con cuidado.

Cuando un funcionario etíope leía al profeta Isaías, Felipe le preguntó si entendía lo que leía, y él reconoció de buena gana que necesitaba a alguien que lo guiara (Hechos 8:30–31). Busque una iglesia donde se enseñe la Biblia, un grupo pequeño o un amigo cristiano que lea con usted. No tenga miedo de hacer preguntas.

Una lámpara para cada paso

No lo entenderá todo de una vez. Pero cada día que pasa con la Palabra de Dios le da luz para el siguiente paso:

Lámpara es á mis pies tu palabra, Y lumbrera á mi camino.

Sal 119:105 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica la imagen así: la Palabra de Dios ilumina el camino para que uno pueda andar sin tropezar. Empiece con un Evangelio, lea un poco cada día, ore y no camine solo. Con el tiempo descubrirá que no solo está leyendo un libro, sino conociendo al Dios que lo dio y al Hijo que Él envió, para que crea y tenga vida en Su nombre.