¿Qué es la fe?

Respuesta breve

En la Biblia, la fe es confianza en Dios: estar seguro de lo que Él ha prometido y apoyarse en Él aun cuando todavía no se ve el resultado. La fe que salva descansa en Jesucristo, nace al oír la Palabra de Dios y se nota en una vida transformada.

La palabra fe se usa de muchas maneras. A veces significa una religión, a veces una vaga esperanza de que todo saldrá bien, y a veces creer algo sin ningún motivo. La Biblia habla de algo más personal y más firme: la fe es confianza en Dios, tomarle la palabra y apoyarse en Él.

La fe confía en lo que Dios ha prometido

La carta a los Hebreos ofrece la descripción más conocida de la fe en la Biblia.

ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.

He 11:1 · Reina-Valera 1909

William MacDonald señala que este versículo no es propiamente una definición, sino una descripción de lo que la fe hace por nosotros: gracias a ella, lo que esperamos se vuelve tan real como si ya lo tuviéramos. John MacArthur añade que la fe verdadera no se basa en pruebas empíricas, sino en la certeza que Dios da sobre sus promesas.

El resto de Hebreos 11 muestra cómo se ve esto en la vida real. Abraham salió de su tierra cuando Dios lo llamó, sin saber adónde iba (Hebreos 11:8). Mucho antes había creído la promesa de Dios, y Dios se lo contó por justicia (Génesis 15:6). Juan Wesley observa que Abraham descansó en el poder y la fidelidad de quien le había hecho la promesa.

Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

He 11:6 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que no se trata de creer en una divinidad cualquiera, sino en el Dios de las Escrituras, que recompensa a los que lo buscan. MacDonald escribe que ninguna cantidad de buenas obras compensa la falta de fe: quien se niega a creer a Dios lo hace mentiroso.

La fe nace al oír la Palabra de Dios

¿De dónde viene la fe? Pablo explica cómo Dios la da.

Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.

Ro 10:17 · Reina-Valera 1909

MacArthur indica que la frase puede traducirse mejor como la palabra de Cristo, es decir, el mensaje acerca de Cristo. MacDonald añade que no basta con oír con los oídos: hay que escuchar con el corazón abierto. Pablo dice también que somos salvos por gracia mediante la fe, y que esto es don de Dios, no logro nuestro (Efesios 2:8). Según MacArthur, ese don abarca todo lo dicho sobre la salvación, incluida la fe misma. Juan escribió su Evangelio para que los lectores creyeran que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y tuvieran vida en su nombre (Juan 20:31).

La fe bíblica tiene un centro claro: Jesucristo, que murió y resucitó. Pablo escribe que quien confiesa a Jesús como Señor y cree en su corazón que Dios lo levantó de los muertos será salvo (Romanos 10:9). MacArthur subraya que confesar a Jesús como Señor es más que reconocer que es Dios, cosa que también reconocen los demonios: es someterse a Él como tu Señor.

Tener fe no significa no tener nunca dudas. Un padre angustiado le dijo a Jesús que creía y en el mismo momento le pidió ayuda para su incredulidad (Marcos 9:24). MacDonald ve aquí la paradoja de fe y duda que el pueblo de Dios ha vivido en todas las épocas. Jesús habló también de una fe tan pequeña como un grano de mostaza (Mateo 17:20). MacArthur advierte que no se trata de pensamiento positivo: la fuente y el objeto de la fe, aun de la más pequeña, es Dios.

La fe que salva nunca está sola

La Biblia enseña que somos justificados ante Dios por la fe, no por nuestras obras (Romanos 5:1). Sin embargo, Santiago escribe algo que al principio suena distinto.

Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.

Stg 2:17 · Reina-Valera 1909

Pablo y Santiago no se contradicen. Wesley explica que hablan de momentos distintos: Pablo, de Génesis 15, cuando Abraham fue contado justo por la fe mucho antes de que naciera Isaac; Santiago, de la ofrenda de Isaac muchos años después. MacDonald lo resume así: las obras no son la raíz de la salvación, sino su fruto. Matthew Henry escribe que solo la fe verdadera salva, pero produce frutos santos, mientras que el mero asentimiento a una doctrina es algo muy distinto. Santiago señala que también los demonios creen que hay un solo Dios, y tiemblan (Santiago 2:19). Según MacDonald, los demonios creen un hecho, pero no se someten a una Persona.

Abraham mostró su fe cuando obedeció a Dios en la prueba más difícil de su vida (Santiago 2:21–23). Pablo describe lo mismo como la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6). Las buenas obras no compran la salvación; brotan de ella.

Vivir por fe cada día

La fe no es solo el primer paso de la vida cristiana, sino la manera de recorrer todo el camino. Pablo dice que los creyentes andan por fe, no por vista (2 Corintios 5:7). Proverbios nos llama a confiar en el Señor de todo corazón y no apoyarnos en nuestra propia prudencia (Proverbios 3:5–6).

Los tiempos difíciles ponen a prueba la fe, y esa prueba produce paciencia (Santiago 1:3).

Si tu fe te parece débil, mira a Jesús. Hebreos lo llama el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2). MacArthur explica que autor es quien da origen y establece el ejemplo supremo, y consumador, quien lleva algo a su perfecta conclusión. Sigue escuchando su Palabra, lleva tus dudas con sinceridad a Dios en oración y da el siguiente paso de confianza.