Los 10 mandamientos de la ley de Dios y su significado
Respuesta breveLos Diez Mandamientos son las leyes que Dios dio a Israel en el monte Sinaí y escribió en dos tablas de piedra: los primeros tratan de nuestro amor a Dios y los demás de nuestro amor al prójimo. Jesús los resumió en dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo.
Los Diez Mandamientos son las leyes más conocidas de la Biblia. Dios se los dio a Israel en el monte Sinaí, poco
después de sacar a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Aparecen dos veces: primero en el Sinaí y de nuevo cuando
Moisés repitió la ley a una nueva generación antes de entrar en la Tierra Prometida (Éxodo 20:1–17;
Deuteronomio 5:6–21).
Dios mismo los escribió en dos tablas de piedra (Éxodo 31:18). La Biblia los llama literalmente “diez
palabras” (Éxodo 34:28), y de ahí viene su otro nombre, el Decálogo. John MacArthur subraya que fue Dios mismo
quien pronunció estas palabras, no una ley tomada de los pueblos vecinos.
Primero Dios rescata, después manda
Antes de dar un solo mandamiento, Dios le recuerda a Israel quién es Él y lo que ya ha hecho por ellos. Él es el
Señor que los sacó de Egipto, y por eso no deben tener otros dioses.
Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
Ex 20:2–3 · Reina-Valera 1909
El orden importa. Dios no dijo: “Cumplan estas leyes y entonces los liberaré”. Primero liberó a su pueblo y después
le mostró cómo vivir como pueblo suyo. Matthew Henry saca la conclusión: Israel debía su obediencia a Aquel a quien
debía su libertad, así como los cristianos sirven a Cristo, que los libró de la esclavitud del pecado. Los
mandamientos no son una escalera para ganarse el favor de Dios. Describen la vida de quienes Dios ya rescató.
Los Diez Mandamientos en resumen
En palabras sencillas, los mandamientos dicen:
- No tengas otros dioses aparte del Señor.
- No te hagas ídolos ni te inclines ante ellos.
- No uses el nombre del Señor tu Dios en vano.
- Aparta el día de reposo como día santo de descanso.
- Honra a tu padre y a tu madre.
- No mates.
- No cometas adulterio.
- No robes.
- No des falso testimonio contra tu prójimo.
- No codicies nada que pertenezca a tu prójimo.
La Biblia dice que son diez, pero no los numera, por eso las iglesias los cuentan de forma distinta. La lista de
arriba es la que usan la mayoría de las iglesias evangélicas y las ortodoxas. La tradición católica y la luterana unen
los mandamientos sobre otros dioses y los ídolos en uno solo y dividen el último en dos, y la tradición judía cuenta
como mandamiento propio las palabras iniciales de Dios sobre la salida de Egipto. El contenido es el mismo; solo cambia
la numeración.
William MacDonald recuerda que el mismo Jesús dividió los mandamientos en dos partes: el amor a Dios y el amor al
prójimo. Algunos ponen en la primera parte los cuatro primeros mandamientos, y otros incluyen también el quinto;
MacDonald observa que la expresión “el Señor tu Dios” aparece en los cinco primeros. De cualquier modo, las dos tablas
van juntas: no podemos amar de verdad a Dios mientras ignoramos a nuestro prójimo.
Jesús los resumió en el amor
Cuando un experto en la ley le preguntó a Jesús cuál era el gran mandamiento, Él nombró dos: amar a Dios con todo el
corazón, con toda el alma y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo. De estos dos dependen toda la ley
y los profetas.
Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Mt 22:37–40 · Reina-Valera 1909
Jesús no dejó de lado los Diez Mandamientos; mostró su corazón. Pablo dice lo mismo: MacArthur explica que el apóstol
cita los mandamientos que tratan de las relaciones humanas y los resume en uno solo, amar al prójimo.
Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás: y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.
Ro 13:9 · Reina-Valera 1909
Jesús también mostró cuán hondo llegan los mandamientos (Mateo 5:21–22; Mateo 5:27–28). Matthew Henry
explica que los maestros judíos de su tiempo enseñaban que solo el homicidio consumado quebrantaba el sexto
mandamiento, y Cristo devolvió su pleno sentido: toda ira precipitada es homicidio en el corazón. Del mismo modo, no
solo el adulterio, sino también la mirada con deseo quebranta el séptimo. Dios no mira solo lo que hacemos, sino el
corazón.
Lo que los mandamientos pueden y no pueden hacer
Los mandamientos son santos y buenos (Romanos 7:12). Muestran cómo es Dios y cómo debe funcionar la vida. Pero
también muestran algo incómodo: ninguno de nosotros los cumple perfectamente. Pablo reconoce que no habría visto su
codicia como pecado sin el mandamiento que la prohíbe (Romanos 7:7). La ley nos hace conscientes del pecado, pero
no puede hacernos justos ante Dios.
Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
Ro 3:20 · Reina-Valera 1909
MacDonald compara la ley con un espejo: muestra la suciedad del rostro, pero no está hecho para lavarla. Somos
justificados ante Dios no por cumplir la ley, sino por la fe en Jesucristo (Gálatas 2:16). Él vivió la vida de
amor perfecto que la ley describe y murió por quienes la quebrantaron.
Qué significan hoy para los cristianos
Los cristianos no se salvan por cumplir los Diez Mandamientos, pero los mandamientos siguen siendo importantes. Su
enseñanza moral, adorar solo a Dios, honrar a los demás, ser fieles y decir la verdad, se repite en todo el Nuevo
Testamento. Dios prometió escribir su ley en el corazón de su pueblo, no solo en tablas de piedra
(Jeremías 31:33). Jesús lo dijo con sencillez: quien lo ama guarda sus mandamientos.
Si me amáis, guardad mis mandamientos;
Jn 14:15 · Reina-Valera 1909
Los cristianos, y también los comentaristas, entienden de distintas maneras el cuarto mandamiento. MacArthur sostiene
que el Nuevo Testamento no exige a los cristianos guardar el día de reposo semanal, que era una sombra que apuntaba a
Cristo (Colosenses 2:16–17). MacDonald ve en él una figura del reposo que los creyentes hallan en Cristo y que
disfrutarán plenamente en el futuro (Hebreos 4:9–10). Matthew Henry, en cambio, considera que apartar tiempo para
Dios es un deber moral permanente, que los cristianos cumplen el domingo, día de la resurrección. Algunos cristianos
guardan el sábado, y la mayoría se reúne para el culto el domingo.
Los Diez Mandamientos no son una lista antigua de reglas para ir tachando. Son un retrato de la vida para la que Dios
nos creó: amarlo a Él sobre todo y amar al prójimo como a nosotros mismos. Donde fallamos, Jesús ofrece perdón y, por
su Espíritu, nos ayuda a andar en este camino de amor. Para quienes aman a Dios, sus mandamientos no son una carga
pesada (1 Juan 5:3).