¿Qué dice la Biblia sobre el diezmo? ¿Es obligatorio hoy?

Respuesta breve

En el Antiguo Testamento Dios mandó a Israel dar la décima parte de sus cosechas para sostener a los levitas, las fiestas y a los pobres. Jesús no despreció el diezmo, pero reprendió a quienes descuidaban la justicia y la misericordia, y el Nuevo Testamento llama a los cristianos a dar con regularidad, generosidad y alegría. Los evangélicos responden de forma distinta si el diez por ciento es obligatorio hoy.

El diezmo es sencillamente la décima parte. En la Biblia significa dar a Dios la décima parte de lo que uno gana. Muchas iglesias enseñan el diezmo, y muchos cristianos se preguntan si es un mandamiento para ellos o una ley que pertenecía al antiguo Israel. Para responder con honestidad, hay que seguir el diezmo a lo largo de toda la Biblia.

El diezmo en el Antiguo Testamento

El primer diezmo de la Escritura aparece mucho antes de la ley de Moisés. Cuando Abram rescató a su sobrino Lot, salió a su encuentro Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo:

Entonces Melchîsedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto; Y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; Y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle Abram los diezmos de todo.

Gn 14:18–20 · Reina-Valera 1909

John MacArthur señala que Abram atribuyó la victoria a Dios y que, al aceptar la bendición de Melquisedec y darle el diezmo del botín, reconoció la superioridad de este rey-sacerdote. William MacDonald explica que la carta a los Hebreos usa esta escena para mostrar que el sacerdocio de Melquisedec, figura de Cristo, es mayor que el de Aarón (Hebreos 7:4). Matthew Henry saca de aquí una lección: quien ha recibido una gran misericordia de Dios hace bien en expresar su gratitud con un acto especial de generosidad. También Jacob prometió dar a Dios el diezmo de todo lo que le diera (Génesis 28:22).

En la ley, el diezmo se volvió una obligación. La décima parte de lo que producía la tierra era santa para el Señor (Levítico 27:30) y se daba a los levitas, que no tenían heredad propia (Números 18:21). Otro diezmo se comía delante del Señor en las fiestas (Deuteronomio 14:22–23), y cada tres años se apartaba un diezmo para el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda (Deuteronomio 14:28–29). MacArthur explica que, juntos, estos diezmos sumaban cerca del veintitrés por ciento al año y sostenían toda la vida de la nación: el culto, las fiestas y la ayuda a los pobres.

El pasaje más conocido está en Malaquías, escrito después del regreso del exilio:

¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Mal 3:8–10 · Reina-Valera 1909

El pueblo retenía los diezmos. MacArthur explica que, cuando eso pasaba, los sacerdotes tenían que dejar su servicio para trabajar el campo, la vida religiosa decaía y los pobres sufrían (Nehemías 13:10). MacDonald recuerda que los diezmos eran solo una parte de muchas ofrendas y reconocían que todo pertenece a Dios, el Dador de todos los bienes. Dios llamaba a Israel a volver a Él y prometía bendecir su tierra.

Lo que Jesús dijo sobre el diezmo

Jesús habló del diezmo cuando confrontó a los fariseos:

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.

Mt 23:23 · Reina-Valera 1909

Diezmaban incluso las hierbas de su huerto. MacArthur observa que Jesús no los condenó por cuidar los detalles, sino porque habían dejado de lado lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. MacDonald añade que colaban el mosquito y se tragaban el camello, porque habían perdido el sentido de la proporción. Jesús hablaba a personas que todavía vivían bajo la ley de Moisés. En otra parábola, un fariseo se jactaba ante Dios de dar el diezmo de todo (Lucas 18:12), pero fue el humilde recaudador de impuestos quien volvió a casa justificado (Lucas 18:14). El diezmo no hace justo a nadie delante de Dios.

Jesús también elogió a una viuda pobre que echó dos pequeñas monedas en el arca del templo (Lucas 21:1–4). MacDonald explica que los ricos dieron de lo que les sobraba, y ella dio todo lo que tenía. Dios no mide una ofrenda por su tamaño, sino por lo que cuesta y por el corazón con que se da.

La ofrenda en el Nuevo Testamento

Los apóstoles nunca fijaron un porcentaje para los cristianos. Pablo pidió a las iglesias que el primer día de cada semana apartaran algo según lo que hubieran prosperado (1 Corintios 16:2). MacArthur subraya que el Nuevo Testamento no establece una cantidad fija: la ofrenda debe ser regular, voluntaria y proporcional a lo que Dios ha dado.

Las iglesias pobres de Macedonia dieron más allá de sus fuerzas, porque primero se dieron a sí mismas al Señor (2 Corintios 8:5). Luego Pablo escribe:

Esto empero digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ó por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.

2 Co 9:6–7 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que dar según lo propuesto en el corazón es una decisión pensada, no un impulso, y que dar por necesidad significa dar bajo presión externa o por normas arbitrarias. Dios ama a quien da con alegría. El Nuevo Testamento enseña también que los que anuncian el evangelio deben vivir del evangelio (1 Corintios 9:14).

¿Deben los cristianos diezmar hoy?

Maestros evangélicos que están de acuerdo en todo lo anterior responden esta pregunta de maneras distintas.

  • El diezmo como norma. Warren Wiersbe escribe que los creyentes deben dar al Señor lo que le corresponde, la décima parte de sus ingresos, y añadir ofrendas por gratitud; aclara que diezmar no es negociar con Dios. Quienes piensan así recuerdan que Abraham diezmó antes de que existiera la ley.
  • El diezmo como punto de partida. MacDonald señala que el Nuevo Testamento no menciona el diezmo para los creyentes, pero razona que si el judío bajo la ley daba el diezmo, cuánto más debería dar el cristiano que vive bajo la gracia.
  • Ofrenda libre y proporcional. MacArthur sostiene que los diezmos de Israel funcionaban como un impuesto para la vida de la nación y no deben confundirse con la ofrenda cristiana, que no tiene un porcentaje fijo y nunca debe ser forzada.

En lo esencial, las tres posturas coinciden: todo lo que tenemos pertenece a Dios, y los cristianos están llamados a dar con regularidad, generosidad y alegría, para la obra de la iglesia y para los necesitados. MacDonald advierte contra ver la ofrenda como un camino a la riqueza: en el Antiguo Testamento la fidelidad en el diezmo se premiaba con abundancia material, mientras que hoy la mayordomía fiel trae riqueza espiritual.

La razón más profunda para dar no es una regla, sino la gracia de Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre por nosotros (2 Corintios 8:9). El diez por ciento puede ser un buen comienzo, pero un corazón ganado por esa gracia no querrá detenerse en un número.