La Semana Santa según la Biblia: qué pasó cada día

Respuesta breve

La Semana Santa es la última semana de la vida terrenal de Jesús, desde su entrada en Jerusalén el Domingo de Ramos hasta su resurrección el domingo de Pascua. En esos días fue recibido como Rey, enseñó en el templo, celebró la Última Cena con sus discípulos, fue crucificado el viernes y resucitó al tercer día.

La expresión «Semana Santa» no aparece en la Biblia. Es el nombre que la iglesia dio a la última semana de la vida de Jesús antes de la Pascua. Pero los propios Evangelios hacen de estos días el centro de su relato: Mateo les dedica ocho de sus veintiocho capítulos, y Juan casi la mitad de su libro. No todos los días aparecen nombrados, y los cristianos ordenan algunos hechos de forma un poco distinta, pero el camino está claro.

Domingo de Ramos: el Rey sobre un asno

Seis días antes de la Pascua, Jesús llegó a Betania (Juan 12:1), y al día siguiente entró en Jerusalén. Envió a dos discípulos a buscar una asna y su pollino, para que se cumpliera la profecía de Zacarías: el Rey de Sion vendría manso, montado sobre un asno (Mateo 21:1–7, Zacarías 9:9).

Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino. Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Mt 21:8–9 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que tender los mantos en el camino era una antigua forma de honrar a un rey (2 Reyes 9:13). «Hosanna» es un clamor hebreo que significa «salva ahora», tomado junto con la bendición del Salmo 118 (Salmo 118:25–26); unido al título «Hijo de David», muestra que la multitud aclamaba a Jesús como el Mesías. Juan menciona ramas de palmera (Juan 12:13), y de ahí viene el nombre de Domingo de Ramos.

Matthew Henry observa que Jesús vino con mansedumbre, no con majestad mundana, y advierte cuán poco vale el aplauso de la gente: la multitud cambiante se une al grito del día, sea «Hosanna» o «Crucifícale». William MacDonald dice lo mismo: en menos de una semana muchos pedirían su muerte.

El templo y los días de enseñanza

En Jerusalén, Jesús fue directamente al templo.

Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas; Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.

Mt 21:12–13 · Reina-Valera 1909

Unió dos profecías: la casa de Dios debía ser casa de oración (Isaías 56:7), pero la habían convertido en cueva de ladrones (Jeremías 7:11). MacDonald explica que se vendían los animales para los sacrificios a precios abusivos, y ve en este hecho el primer acto oficial de Jesús tras su entrada: una declaración pública de que él es el Señor del templo. Juan narra una purificación parecida al comienzo de su ministerio (Juan 2:13–16); MacArthur considera que fueron dos hechos distintos.

Los días siguientes fueron intensos. Jesús maldijo una higuera sin fruto (Mateo 21:18–22), respondió a los líderes que cuestionaban su autoridad (Mateo 21:23–27), contó parábolas contra ellos y, en el monte de los Olivos, habló a sus discípulos de la destrucción del templo y de su venida (Mateo 24:1–3). En Betania una mujer lo ungió con un perfume muy caro, y Jesús dijo que lo había hecho para su sepultura (Mateo 26:6–13). Mientras tanto, Judas aceptó entregarlo por treinta piezas de plata (Mateo 26:14–16).

Jueves Santo: la Última Cena

El jueves por la noche, según la fecha que da MacArthur, Jesús comió la Pascua con los doce. Juan empieza el relato de esa noche con el amor de Jesús por los suyos (Juan 13:1) y con algo que nadie esperaba.

Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y á Dios iba, Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los pies de los discípulos, y á limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Jn 13:3–5 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que lavar los pies a los invitados era tarea del siervo más humilde, y a los discípulos ni se les habría ocurrido hacerlo unos por otros. MacDonald subraya quién hacía ese trabajo de esclavo: no solo un maestro, sino Jesús, consciente de su divinidad, que sabía que había salido de Dios y a Dios iba. Después explicó lo que había hecho.

Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Jn 13:14–15 · Reina-Valera 1909

Esa misma noche Jesús tomó el pan y la copa y les dio un nuevo sentido: su cuerpo entregado por los discípulos y su sangre del nuevo pacto, derramada para perdón de los pecados (Mateo 26:26–28). MacArthur y MacDonald lo describen como el momento en que la última Pascua se convirtió en la primera Cena del Señor. Después Jesús oró en Getsemaní y fue arrestado allí (Mateo 26:36–56).

Viernes Santo: la cruz

Durante la noche y de madrugada, Jesús fue juzgado ante el concilio judío y ante Pilato, y fue condenado a la cruz (Lucas 23:1–25). Lucas describe sus últimas horas en la cruz.

Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

Lc 23:44–46 · Reina-Valera 1909

De la hora sexta a la hora novena es de mediodía a las tres de la tarde. MacArthur señala que la oscuridad no pudo ser un eclipse común, porque la Pascua siempre caía en luna llena. El velo del templo separaba el Lugar Santísimo de los adoradores. MacDonald ve en su rotura una señal: por la muerte de Cristo el camino a Dios queda abierto para todos los que se acercan con fe (Hebreos 10:19–20). Jesús murió con las palabras de un salmo en los labios (Salmo 31:5). MacArthur subraya que entregó su vida por su propia voluntad, como había dicho (Juan 10:18).

Jesús fue sepultado antes de la noche, y el sábado las mujeres descansaron conforme al mandamiento (Lucas 23:53–56).

Domingo de Pascua: ha resucitado

Muy de mañana, el primer día de la semana, las mujeres llegaron al sepulcro con especias aromáticas, encontraron removida la piedra y no hallaron el cuerpo (Lucas 24:1–4). MacArthur nota que no esperaban una resurrección: solo iban a terminar de ungir el cuerpo.

Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea, Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.

Lc 24:5–7 · Reina-Valera 1909

MacDonald comenta que los ángeles les aseguraron que Jesús vivía y que era inútil buscarlo en una tumba: había resucitado, tal como lo había prometido en Galilea.

Por eso importa la Semana Santa. El Rey que entró en Jerusalén con mansedumbre, que lavó los pies de sus discípulos y murió el viernes, resucitó el domingo. Su muerte abrió el camino a Dios, y su resurrección muestra que el sacrificio fue aceptado. La Semana Santa no es solo un recuerdo de lo que pasó entonces; es una invitación a confiar en Aquel que hizo todo esto por ti.