La mujer del flujo de sangre

Respuesta breve

Era una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, había gastado todo lo que tenía en médicos y solo había empeorado. En medio de la multitud tocó el borde del manto de Jesús y quedó sana al instante; luego Jesús la llamó hija y le dijo que su fe la había sanado.

La sanidad de la mujer del flujo de sangre se cuenta en tres Evangelios: Mateo, Marcos y Lucas (Mateo 9:20–22, Marcos 5:25–34, Lucas 8:43–48). Marcos da el relato más completo. Ocurrió de camino a la casa de Jairo, un principal de la sinagoga cuya hija de doce años se estaba muriendo (Marcos 5:21–24). Así, la historia de la sanidad de una mujer queda dentro de la historia de una niña a la que Jesús resucitó.

Doce años de sufrimiento

Marcos describe su situación en pocas líneas.

Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

Mr 5:25–26 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que se trataba de una hemorragia crónica, quizá causada por un tumor u otra enfermedad, y que en los casos difíciles la gente de entonces iba de médico en médico y recibía tratamientos contradictorios y a menudo dañinos. Warren Wiersbe observa que Lucas, que era médico, dice solo que nadie había podido curarla, mientras que Marcos fue menos cortés con los doctores y añade que había sufrido mucho de ellos.

Pero su enfermedad era más que una carga física. La ley de Moisés decía esto acerca de una mujer en ese estado.

Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días, fuera del tiempo de su costumbre, ó cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre; todo el tiempo del flujo de su inmundicia, será inmunda como en los días de su costumbre.

Lv 15:25 · Reina-Valera 1909

Wiersbe señala que su aflicción le impedía adorar en el templo. MacArthur añade que, según la ley, era impura de forma permanente: todos la evitaban, incluso su propia familia, y no podía entrar en la sinagoga ni en el templo. Doce años de enfermedad le habían quitado la salud, el dinero y la compañía de los demás.

Un toque de fe entre la multitud

Entonces oyó hablar de Jesús.

Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva. Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

Mr 5:27–29 · Reina-Valera 1909

Wiersbe invita a admirar su fe: tuvo que abrirse paso entre una multitud apretada. La gente se apartaba para un hombre importante como Jairo, pero nadie haría sitio a una mujer necesitada. Wiersbe añade que el texto griego del versículo 28 sugiere que ella se lo repetía una y otra vez, como dándose ánimo. William MacDonald explica que el borde del manto era el fleco que todo judío llevaba en su ropa por mandato de la ley (Números 15:38–39).

¿La sanó la tela? No. MacArthur explica que la fe de la mujer estaba puesta en el poder sanador de Jesús, y que el poder salió de Él por su propia voluntad soberana. Matthew Henry hace notar que la curación fue inmediata y completa, mientras que quien se recupera de una enfermedad así por medios naturales recobra las fuerzas poco a poco.

Jesús pregunta quién lo tocó

La mujer quería irse sin que nadie la notara. Jesús no lo permitió.

Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.

Mr 5:30–32 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que Jesús no preguntó por ignorancia: quería sacar a la mujer de la multitud y darle la oportunidad de glorificar a Dios por lo ocurrido. MacDonald dice lo mismo. A los discípulos la pregunta les pareció absurda, porque toda la gente lo apretaba (Lucas 8:45–46). Pero, como señala MacDonald, una cosa es empujar a Jesús entre la gente y otra muy distinta tocarlo con fe.

Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.

Mr 5:33–34 · Reina-Valera 1909

Llegó temblando, pero Jesús no la reprendió. Wiersbe dice que con ternura la animó a contar lo que le había pasado y luego la despidió en paz, y Lucas añade que Jesús le dio ánimo (Lucas 8:48). MacArthur observa que el verbo griego con que Jesús describió su sanidad es la palabra habitual del Nuevo Testamento para la salvación del pecado, lo que sugiere que su fe le trajo también la salvación del alma. Wiersbe llega a la misma conclusión: ella conoció a Jesús como su Señor y Salvador.

Mientras Jesús aún hablaba, llegó la noticia de que la hija de Jairo había muerto. Jesús le dijo a Jairo que no temiera, que solo creyera (Marcos 5:35–36), y resucitó a la niña. Wiersbe piensa que el testimonio de la mujer debió animar a Jairo mientras esperaba.

Lo que enseña esta historia

Primero, muestra quién es Jesús. Según la ley, tocar a alguien impuro volvía impuro a quien lo tocaba. MacArthur señala que aquí ocurrió lo contrario: la mujer no contaminó a Jesús, sino que Él la sanó. El poder de sanar está en Él.

Segundo, muestra qué es la fe. La fe de esta mujer estaba mezclada con miedo, y apenas entendía cómo sería sanada, pero se extendió hacia Jesús. MacDonald escribe que nadie toca a Jesús con fe sin que Él lo sepa y responda. La fe no es una técnica ni una especie de magia, sino confianza en Cristo mismo.

Tercero, muestra que nadie está demasiado lejos. Matthew Henry observa que muchas personas acuden a Cristo solo después de haber probado en vano todos los demás remedios, y aun así Él resulta un refugio seguro también para quienes llegan a Él en último lugar. Esta mujer era pobre, enferma, avergonzada y excluida, y Jesús se detuvo por ella camino a la casa de un hombre importante.

Por último, Jesús quería darle más que una curación a escondidas. La sacó a la luz, la llamó hija y la despidió en paz. Como escribe Henry, quien por la fe ha sido sanado de sus males espirituales tiene motivos para irse en paz. Ver también ¿Qué es la fe?