La mujer samaritana junto al pozo

Respuesta breve

En Juan 4 Jesús, cansado del camino, le pide agua a una mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Le ofrece agua viva, le muestra que conoce su vida, le enseña que la verdadera adoración es en espíritu y en verdad y le dice abiertamente que Él es el Mesías. Ella lo anuncia en su ciudad, y muchos samaritanos creen que Él es el Salvador del mundo.

La historia de la mujer samaritana solo aparece en el Evangelio de Juan (Juan 4:1–42). John MacArthur señala que su punto central es quién es Jesús: aquí Él dice abiertamente que es el Mesías. Pero también muestra su amor por una mujer a la que otros despreciaban.

Por qué Jesús pasó por Samaria

Jesús salía de Judea rumbo a Galilea.

Y era menester que pasase por Samaria. Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo. Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

Jn 4:4–6 · Reina-Valera 1909

Judíos y samaritanos llevaban siglos enfrentados. MacArthur explica el trasfondo: después de que Asiria conquistó el reino del norte en el año 722 a. C., trajo colonos extranjeros que se mezclaron con los israelitas que quedaban. Los samaritanos solo aceptaban los cinco libros de Moisés y adoraban en el monte Gerizim, no en Jerusalén. Warren Wiersbe añade que tenían su propio sistema religioso, rival del judío, y que los judíos los despreciaban como un pueblo mezclado.

Por Samaria pasaba el camino directo, pero William MacDonald, MacArthur y Wiersbe ven en ello algo más que geografía: Dios había dispuesto que Jesús se encontrara con esa mujer. Matthew Henry ve en el viajero cansado junto al pozo una prueba de que Jesús era verdaderamente hombre. La hora sexta, según el cómputo judío, era hacia el mediodía, la hora de más calor.

El agua viva

Llegó una mujer a sacar agua, y Jesús le pidió de beber.

Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos. Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.

Jn 4:9–10 · Reina-Valera 1909

Wiersbe comenta que a ella le sorprendió que un rabino judío le pidiera un favor a una mujer, y además samaritana. Según Wiersbe, Jesús le dice que ignora dos cosas: el don de Dios, que es la salvación, y quién es el Salvador que tiene delante. MacArthur explica que el agua viva es una imagen del Antiguo Testamento: Dios se llama a sí mismo fuente de agua viva (Jeremías 2:13), y los profetas prometieron purificación y vida nueva por medio de su Espíritu.

Ella entendió sus palabras de forma literal, como Nicodemo en el capítulo anterior. Wiersbe dice que es típico del corazón humano confundir lo físico con lo espiritual. Entonces Jesús se lo explicó.

Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Jn 4:13–14 · Reina-Valera 1909

MacDonald escribe que todos los pozos de este mundo dejan a la persona con sed otra vez: se busca satisfacción en lo terrenal, pero no sacia. Lo que Cristo da, en cambio, llena el corazón y fluye hasta la vida eterna.

Jesús muestra que la conoce

Cuando ella le pidió esa agua, Jesús cambió de tema de repente.

Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá. Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido; Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Jn 4:16–18 · Reina-Valera 1909

Wiersbe explica que la orden de llamar a su marido buscaba despertar su conciencia y llevarla a enfrentar su pecado, porque quien encubre sus pecados no puede ser salvo. MacDonald añade que Jesús la llevó a reconocerlo paso a paso, y que nunca dejó al descubierto a nadie para avergonzarlo, sino para liberarlo. El texto no dice por qué había tenido cinco maridos. MacArthur subraya que Jesús no reconoció como matrimonio la convivencia en la que ella vivía.

Ella se dio cuenta de que era un profeta y enseguida sacó la vieja disputa sobre dónde adorar: en el Gerizim o en Jerusalén. Wiersbe y MacDonald coinciden en que intentaba cambiar de tema.

Adorar en espíritu y en verdad

Jesús no esquivó su pregunta, pero respondió más a fondo de lo que ella esperaba.

Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Jn 4:21–24 · Reina-Valera 1909

Wiersbe resume la respuesta: lo importante es conocer al Padre, y eso solo sucede por la salvación, que viene de los judíos. Henry explica que la salvación vino de los judíos porque a través de ellos llegó la palabra de salvación a las demás naciones, pero que se acercaba el tiempo en que Dios se daría a conocer como Padre de los creyentes de todo pueblo. MacArthur explica que decir que Dios es Espíritu significa que es invisible y no está atado a un lugar.

La mujer dijo que, cuando viniera el Mesías, Él lo explicaría todo. Entonces Jesús dijo algo que aún no había dicho tan abiertamente a nadie.

Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas. Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

Jn 4:25–26 · Reina-Valera 1909

MacArthur observa que entre los judíos Jesús solía evitar esta declaración, porque esperaban un Mesías político. Henry subraya que a esta mujer, una samaritana despreciada, el Señor se reveló con más claridad que hasta entonces a sus propios discípulos.

Una ciudad entera viene a Jesús

Los discípulos volvieron y se asombraron de que hablara con una mujer, y además samaritana.

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres: Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.

Jn 4:28–30 · Reina-Valera 1909

MacArthur señala que ella fue precisamente a la gente que antes evitaba por su mala fama. Wiersbe añade que demostró su fe dando testimonio público en su ciudad, donde todos conocían su vida. Mientras tanto, Jesús dijo a sus discípulos que su comida era hacer la voluntad del Padre y que los campos ya estaban listos para la cosecha (Juan 4:34–35).

Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho. Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él. Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Jn 4:39–42 · Reina-Valera 1909

Henry hace notar que, al enseñar a una sola mujer pobre, el Salvador llevó el conocimiento de sí mismo a toda una ciudad, y que la fe de esa gente creció: primero creyeron por lo que ella dijo, luego por haberlo oído a Él. MacArthur llama a esta confesión de Jesús como Salvador del mundo el punto culminante de la historia.

Lo que esta historia significa para nosotros

La historia muestra que Jesús cruza todas las barreras que levantan las personas: entre pueblos, entre hombres y mujeres, entre los respetables y los rechazados. Ningún pecado pasado cierra el camino hacia Él a quien se humilla y cree en Él como el Cristo.

También muestra que solo Él sacia la sed del alma y que Dios busca una adoración verdadera, que no depende de un lugar ni de un rito. Y muestra lo sencillo que puede ser un testimonio. La samaritana no sabía mucha teología. Solo contó lo que Jesús había hecho por ella e invitó a otros a venir y ver.