Versículos de la Biblia sobre el perdón

El perdón recorre toda la Biblia. Desde los salmos de David hasta las cartas de los apóstoles, la Escritura habla de un Dios santo que, sin embargo, está dispuesto a perdonar, que no guarda su enojo para siempre y no se complace en recordarnos nuestros pecados.

Este perdón no es barato. El Nuevo Testamento muestra que descansa en la muerte de Jesucristo, quien cargó con el castigo del pecado, y que lo reciben quienes se vuelven a Dios y confiesan con sinceridad lo que han hecho.

El perdón de Dios cambia también la manera en que tratamos a los demás. Quien sabe cuánto se le ha perdonado está llamado a perdonar. Estos versículos muestran cómo perdona Dios, cómo nos acercamos a Él en busca de perdón y cómo podemos perdonar a quienes nos han hecho daño.

Hasta dónde perdona Dios

Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Sal 103:12 · Reina-Valera 1909

El oriente y el occidente nunca se encuentran. David eligió la mayor distancia que podía imaginar para decir que Dios aparta nuestros pecados tan lejos que no cabe pensar en una forma más completa de quitarlos.

Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.

Is 1:18 · Reina-Valera 1909

La grana y el carmesí representan una culpa tan profunda como una mancha de sangre, y aun así Dios promete dejarla blanca. John MacArthur explica que la nieve y la lana hablan de lo limpio y libre de culpa, pero que este perdón no es incondicional: está dirigido a quienes lo desean y quieren obedecer.

¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia. El tornará, él tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados.

Mi 7:18–19 · Reina-Valera 1909

El nombre de Miqueas significa «¿Quién como Dios?», y su libro termina con esa pregunta. Lo que hace incomparable a Dios es su misericordia: se complace en perdonar y arroja nuestros pecados a lo profundo del mar, de donde no vuelven a salir.

En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia,

Ef 1:7 · Reina-Valera 1909

Pablo dice cuánto costó nuestro perdón: la sangre de Cristo. Redención significa liberación mediante un rescate, y el perdón de pecados es su primer fruto, que no se debe a nuestros méritos sino a las riquezas de la gracia de Dios.

Confesar y recibir perdón

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)

Sal 32:5 · Reina-Valera 1909

David recuerda cómo calló su pecado y sufrió bajo su peso. Cuando dejó de esconderlo y lo confesó al Señor, llegó el perdón, y por eso el salmo comienza llamando bienaventurado a quien ha sido perdonado.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

1 Jn 1:9 · Reina-Valera 1909

William MacDonald explica que confesar es sacar nuestros pecados a la luz delante de Dios y llamarlos por su nombre, sin excusas. Según MacArthur, significa decir lo mismo que Dios dice del pecado, y es señal de una fe genuina. Dios es fiel porque cumple su promesa, y justo porque Cristo ya pagó por los pecados que perdona.

Perdonarnos unos a otros

Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Ef 4:32 · Reina-Valera 1909

Pablo da el mandato y también la razón. Matthew Henry subraya que el perdón de Dios nos mueve a perdonar: no teníamos derecho alguno a pecar contra Dios y, aun así, Él nos perdonó.

Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Col 3:13 · Reina-Valera 1909

Quien vive de cerca con otros pronto ve sus defectos, y ellos ven los suyos. Soportarse y perdonarse las quejas es la manera en que los creyentes siguen el ejemplo de Cristo, que les perdonó todos sus pecados.

Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mt 6:14–15 · Reina-Valera 1909

Jesús añadió estas palabras justo después del Padrenuestro. MacDonald señala que no forman parte de la oración, sino que el Señor las agregó para subrayar que el perdón del Padre mencionado antes tiene una condición. Se trata de la relación diaria de un hijo con su Padre, no de perder la salvación.

Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

Mt 18:21–22 · Reina-Valera 1909

Pedro creyó ser generoso al proponer siete veces. MacArthur recuerda que los rabinos pensaban que bastaba perdonar tres. MacDonald añade que Jesús no pedía llevar una cuenta hasta 490, sino un perdón sin límite.

Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas.

Mr 11:25 · Reina-Valera 1909

Jesús une el perdón con la oración. Un corazón que guarda rencor no puede acercarse libremente a Dios, así que antes de pedir misericordia debemos soltar lo que tenemos contra otros.

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.

Lc 23:34 · Reina-Valera 1909

Jesús oró así mientras lo crucificaban, por los soldados y por quienes lo entregaron. Con ello cumplió la profecía de que el Siervo del Señor intercedería por los transgresores (Isaías 53:12).

El perdón que recibimos en la cruz es la fuerza con la que podemos perdonar a otros.