Salmo 51: significado del salmo de arrepentimiento de David
El Salmo 51 es la oración de arrepentimiento de David después de su adulterio con Betsabé y la muerte de Urías, el esposo de ella. David reconoce su pecado sin excusas, pide a Dios misericordia y un corazón limpio, y confía en que Dios no desprecia un corazón quebrantado y humilde.
El Salmo 51 es la oración de arrepentimiento más conocida de la Biblia. John MacArthur lo llama el pasaje clásico del Antiguo Testamento sobre el arrepentimiento del hombre y el perdón de Dios, y es uno de los siete salmos penitenciales. En las Biblias ortodoxas y en algunas católicas antiguas lleva el número 50, porque siguen la numeración griega de los Salmos; en la mayoría de las Biblias es el Salmo 51.
La historia detrás del salmo
El título une el salmo a uno de los momentos más oscuros de la vida de David: cuando el profeta Natán vino a él después de que tomara a Betsabé. La historia está en 2 Samuel 11. Mientras su ejército estaba en guerra, el rey David se acostó con Betsabé, la esposa de Urías, uno de sus soldados. Cuando ella quedó embarazada, David intentó encubrirlo y al final hizo que Urías muriera en la batalla.
Warren Wiersbe recuerda que David no era un joven, sino un hombre maduro al frente de un gran reino, y que ocultó el asunto por lo menos un año. Entonces Dios envió a Natán, que le contó la historia de un rico que robó la única oveja de un pobre. David se indignó, y Natán le respondió que ese hombre era él (2 Samuel 12:1–12). David no se defendió.
Entonces dijo David á Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo á David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás.
2 S 12:13 · Reina-Valera 1909
Natán le dijo que Dios había quitado su pecado, aunque las consecuencias quedarían: el niño que dio a luz Betsabé murió (2 Samuel 12:14–18). Wiersbe llama al Salmo 51 la oración de confesión de David, y al Salmo 32, su canto de perdón.
El salmo, parte por parte
Un clamor por misericordia. David no empieza por su propio historial, sino por el carácter de Dios.
Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró á Bath-sebah, vino á él Nathán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
Sal 51:1–2 · Reina-Valera 1909
MacArthur señala que, aunque había cometido un pecado horrible, David sabía que había perdón disponible gracias al amor misericordioso de Dios. Los tres verbos tienen su imagen: borrar como de un registro, lavar a fondo una mancha y limpiar lo contaminado.
Una confesión honesta. David ya no se esconde ni se justifica.
Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí. A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
Sal 51:3–4 · Reina-Valera 1909
William MacDonald subraya que David sabía que también había pecado contra Betsabé y su fiel esposo. Pero todo pecado es primero contra Dios: Su ley fue quebrantada y Su nombre deshonrado, y por eso David acepta el juicio de Dios contra sí mismo. Pablo cita este versículo al hablar de la justicia de Dios (Romanos 3:4). David admite también que su pecado está en su naturaleza desde el comienzo de su vida (Salmo 51:5). MacDonald aclara que no culpa a su madre ni atenúa su culpa: no solo ha cometido pecados, sino que es pecador por naturaleza. Dios, en cambio, ama la verdad en lo íntimo (Salmo 51:6).
Un pedido de limpieza.
Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
Sal 51:7 · Reina-Valera 1909
El hisopo se usaba para rociar agua o sangre en los ritos de purificación, por ejemplo de un leproso sanado (Levítico 14:4). Matthew Henry lo aplica a la sangre de Cristo recibida por la fe. David pide que Dios mismo haga lo que el rito solo representaba. Anhela oír de nuevo gozo y alegría (Salmo 51:8) y pide a Dios que esconda Su rostro de sus pecados (Salmo 51:9).
Un corazón nuevo. Este es el centro del salmo.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
Sal 51:10–12 · Reina-Valera 1909
El verbo crear es el mismo que se usa en Génesis para la creación del mundo. Henry observa que David entiende que no está en su poder enmendar su corazón, y por eso pide que Dios lo cree. También ruega que Dios no le quite Su Espíritu Santo. David había recibido el Espíritu en su unción (1 Samuel 16:13) y había visto cómo el Espíritu se apartó de Saúl (1 Samuel 16:14). Henry añade que David sabía que había entristecido al Espíritu y temía su alejamiento más que nada.
Una vida cambiada. El perdón no es el final de la oración. David promete enseñar a los transgresores los caminos de Dios para que los pecadores vuelvan a Él (Salmo 51:13). Llama a su pecado por su nombre, culpa de sangre, y pide ser librado de ella para cantar la justicia de Dios (Salmo 51:14–15).
El sacrificio que Dios quiere.
Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Sal 51:16–17 · Reina-Valera 1909
David no rechaza los sacrificios que Dios había mandado. MacDonald lo parafrasea así: Dios instituyó los sacrificios, pero no son Su fin último; el sacrificio que busca es un corazón quebrantado. Los versículos finales muestran que los sacrificios ofrecidos con un corazón recto seguían teniendo su lugar (Salmo 51:18–19).
Sobre esos últimos versículos, con la petición de edificar los muros de Jerusalén, hay opiniones distintas. Algunos comentaristas los consideran un añadido de la época del exilio; otros los leen en boca de David. MacDonald oye en ellos la preocupación de David porque su pecado había estorbado la obra de Dios.