Versículos para difuntos y funerales
Perder a un ser querido es una de las experiencias más duras de la vida, y la Biblia no nos pide esconder ese dolor. Abraham hizo duelo y lloró por Sara (Génesis 23:2), David lloró por su hijo (2 Samuel 18:33) y el mismo Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. El duelo no es falta de fe. Es el precio del amor.
Pero la Biblia también da a los cristianos una esperanza que cambia la manera de llorar a nuestros difuntos. Jesús murió y resucitó, y prometió que quienes le pertenecen también resucitarán. La muerte es real y dolorosa, pero no tiene la última palabra.
Estos versículos pueden leerse en un funeral o en una misa o culto de despedida, escribirse en una tarjeta de condolencias o rezarse en el propio luto. El último grupo reúne versículos cortos que suelen elegirse para un recordatorio, una esquela o una lápida. Si el dolor se vuelve demasiado pesado, no lo cargue solo: hable con personas cercanas, con un pastor o, si hace falta, con un profesional.
Dios está cerca de los que lloran
El sana á los quebrantados de corazón, Y liga sus heridas.
Sal 147:3 · Reina-Valera 1909
El salmo daba gracias a Dios por haber traído a su pueblo de vuelta del largo exilio en Babilonia. Pero sus palabras describen cómo es Dios siempre: sana los corazones quebrantados y venda sus heridas.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
Mt 5:4 · Reina-Valera 1909
En las bienaventuranzas Jesús habla ante todo de quienes lloran por su pecado. Aun así, también en la pérdida el verdadero consuelo viene solo de Dios, que perdona y da esperanza de vida eterna.
Y lloró Jesús.
Jn 11:35 · Reina-Valera 1909
Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, aunque iba a resucitarlo poco después. William MacDonald ve en estas lágrimas una prueba de su verdadera humanidad y del dolor por los terribles efectos del pecado, y concluye que no está mal que un cristiano llore ante la muerte.
La esperanza de la resurrección
Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Jn 11:25–26 · Reina-Valera 1909
Jesús dijo estas palabras a Marta cuatro días después de que sepultaran a su hermano (Juan 11:17). La fe no libra de la muerte física, pero quien cree en Cristo vivirá, porque todo el poder de dar y devolver la vida le pertenece a Él.
Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús.
1 Ts 4:13–14 · Reina-Valera 1909
La joven iglesia de Tesalónica estaba inquieta por los creyentes que ya habían muerto. Matthew Henry escribe que la pena por la muerte de los seres queridos es lícita y que podemos llorar nuestra pérdida, aunque para ellos sea ganancia; pero no como los que no tienen esperanza.
NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Jn 14:1–3 · Reina-Valera 1909
Jesús dijo esto la noche antes de su muerte a unos discípulos turbados por su partida. El cielo se presenta aquí como la casa del Padre con muchas moradas: hay lugar para todos sus hijos.
PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.
2 Co 5:1 · Reina-Valera 1909
Pablo, que fabricaba tiendas, compara nuestro cuerpo con una tienda, una vivienda provisional. Cuando se deshaga, el creyente tiene de Dios una casa eterna en los cielos.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo.
1 Co 15:55–57 · Reina-Valera 1909
Pablo toma palabras del profeta Oseas (Oseas 13:14) y desafía a la misma muerte. John MacArthur la compara con una abeja a la que le han arrancado el aguijón: ese aguijón era el pecado, y Cristo lo venció con su muerte.
Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
Ap 21:4 · Reina-Valera 1909
Es la promesa del cielo nuevo y la tierra nueva: Dios mismo enjugará toda lágrima. Allí no habrá llanto, porque no quedará nada que cause tristeza: ni muerte, ni clamor, ni dolor.
Versículos cortos para un recordatorio o una lápida
Estos versículos breves se eligen a menudo para el recordatorio de un funeral, una tarjeta de pésame, una esquela o una lápida.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Sal 23:6 · Reina-Valera 1909
La última línea del salmo del Pastor, que se lee con frecuencia en los funerales (Salmo 23). La bondad de Dios acompaña al creyente durante esta vida pasajera, y después ya no es un viajero en camino, sino alguien que mora en la casa del Señor.
Estimada es en los ojos de Jehová La muerte de sus santos.
Sal 116:15 · Reina-Valera 1909
La muerte de su pueblo no es algo pequeño para Dios. William MacDonald explica que es preciosa para Él porque significa que los suyos ya están con Él en la gloria.
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
Fil 1:21 · Reina-Valera 1909
Pablo escribió esto preso, sin saber si viviría o moriría. Para él la muerte sería ganancia, el fin de toda debilidad y el comienzo de estar con Cristo, por eso el versículo conviene a alguien que vivió para el Señor.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
2 Ti 4:7 · Reina-Valera 1909
Pablo escribió estas palabras poco antes de morir. Habla de una batalla, una carrera terminada y una fe guardada, y por eso el versículo se elige a menudo para quien sirvió a Dios fielmente hasta el final.
Y oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.
Ap 14:13 · Reina-Valera 1909
Una voz del cielo llama bienaventurados a los que mueren en el Señor. Las palabras animaron primero a creyentes perseguidos: ahora descansan de sus trabajos, y todo lo que hicieron por Cristo será recompensado, porque sus obras los siguen.
Sea cual sea la pérdida que usted lleva, Jesús, que lloró ante la tumba de su amigo, está cerca, y en Él la muerte no es el final.