¿Qué dice la Biblia sobre la cremación? ¿Es pecado?

Respuesta breve

La Biblia no ordena en ningún lugar la sepultura ni prohíbe la cremación. Enterrar a los muertos era la costumbre del pueblo de Dios y expresa la esperanza de la resurrección, por eso muchos cristianos la prefieren, pero Dios puede resucitar cualquier cuerpo, y el creyente cremado no pierde nada de esa esperanza.

Esta pregunta suele surgir en un momento difícil: ha muerto un ser querido, o alguien está planeando su propio funeral y quiere hacer lo que agrada a Dios. La respuesta honesta es que la Biblia no da un mandamiento directo sobre esto. Nunca convierte la sepultura en ley ni prohíbe quemar el cuerpo. Pero sí muestra cómo trataba el pueblo de Dios a sus muertos, y ofrece una esperanza firme que importa mucho más que la forma del funeral.

En la Biblia se sepultaba a los muertos

Desde el principio, la Biblia habla de la muerte como un regreso a la tierra. Después de la caída, Dios le dijo a Adán:

En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado.

Gn 3:19 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que volver a la tierra significa morir: por el pecado, el ser humano se volvió mortal. El cuerpo, tomado del polvo, vuelve al polvo. Para el creyente, la muerte es también la puerta a la presencia del Señor (2 Corintios 5:8).

A lo largo de la Escritura, el pueblo de Dios enterró a sus muertos. Abraham compró un campo para sepultar a Sara en la cueva que había allí (Génesis 23:19). José, al morir en Egipto, hizo jurar a sus hermanos que llevarían sus huesos a la tierra prometida (Génesis 50:25), y siglos después fueron sepultados en Siquem (Josué 24:32). El mismo Jesús fue envuelto en lienzos con especias y puesto en un sepulcro, conforme a la costumbre judía (Juan 19:40).

Dónde menciona la Biblia la quema de cuerpos

Solo unos pocos pasajes hablan de quemar a los muertos. El más claro es el final del rey Saúl. Los filisteos habían colgado su cuerpo en el muro de Bet-sán, y los hombres de Jabes de Galaad arriesgaron la vida para recuperarlo:

Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Beth-san; y viniendo á Jabes, quemáronlos allí. Y tomando sus huesos, sepultáronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.

1 S 31:12–13 · Reina-Valera 1909

Estos hombres le debían a Saúl la liberación de su ciudad frente a los amonitas. MacArthur explica que mostraron así bondad y respeto hacia el rey que los había salvado. Quemaron los cuerpos, pero sepultaron los huesos y ayunaron siete días. La Biblia cuenta esta historia como un acto de lealtad, no como un pecado.

En otros lugares, quemar un cuerpo es una señal de desprecio. El profeta Amós condena a Moab porque quemó los huesos del rey de Edom hasta convertirlos en cal (Amós 2:1). MacArthur ve aquí una venganza que no se detuvo ni ante la muerte, y William MacDonald explica que Moab privó al rey de Edom de una sepultura digna. El pecado fue el odio y la venganza, no el fuego en sí.

¿Puede Dios resucitar un cuerpo cremado?

Sí, y esto es lo central. En 1 Corintios 15, Pablo responde a quienes preguntaban cómo podían resucitar los muertos. Usa la imagen de una semilla:

Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción; Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

1 Co 15:42–44 · Reina-Valera 1909

William MacDonald señala que la semilla cae en la tierra y se descompone, y sin embargo de ella brota vida. MacArthur enumera los contrastes que traza Pablo: el nuevo cuerpo ya no conocerá enfermedad ni muerte, ni la vergüenza del pecado, ni la debilidad, ni los límites de esta vida. El Dios que da a cada semilla su propio cuerpo (1 Corintios 15:38) no depende de lo que haya pasado con el anterior.

Todo cuerpo vuelve al polvo tarde o temprano, lentamente en una tumba o rápidamente en el fuego. Hay creyentes que murieron en el mar o en un incendio sin dejar tumba, y la Biblia dice que el mar y la muerte entregarán a sus muertos (Apocalipsis 20:13). Matthew Henry, al comentar la sepultura de Saúl, observa que importa poco de qué manera morimos o qué se hace con nuestro cuerpo; lo decisivo es que el alma sea salva. Lo que cuenta es si pertenecemos a Cristo.

Cómo deciden los cristianos hoy

Como la Biblia no resuelve la cuestión con un mandamiento, cristianos sinceros llegan a conclusiones distintas.

  • Muchos prefieren la sepultura. Sigue el ejemplo de Abraham, de José y del entierro de Jesús, y refleja lo que Pablo describe: el cuerpo se siembra como una semilla, esperando la resurrección. Por eso algunas iglesias la recomiendan.
  • Muchos otros aceptan la cremación. Señalan que la Escritura no la prohíbe, que el poder de Dios para resucitar no depende del estado del cuerpo y que el costo, la distancia o las leyes locales pueden hacer muy difícil el entierro.

Más importante que la forma es el corazón con que se hace. Un funeral debe honrar el cuerpo como creación de Dios, y no expresar que el cuerpo no vale nada o que no habrá resurrección.

Si un ser querido tuyo fue cremado, no tienes por qué temer por él a causa de eso. Pablo escribió a creyentes en duelo que no se entristecieran como los que no tienen esperanza, porque Dios traerá con Jesús a los que durmieron en él (1 Tesalonicenses 4:13–14). Nuestra esperanza no descansa en una tumba ni en una urna, sino en el Señor resucitado. Lee más sobre esta esperanza en ¿Qué pasa cuando morimos?