Versículos de la Biblia para mujeres

La Biblia está llena de mujeres que confiaron en Dios: Rut, que dejó su tierra por el Dios de Israel; Ester, que arriesgó su vida por su pueblo; María, que creyó el mensaje del ángel; y las mujeres que siguieron a Jesús, lo sostuvieron con sus bienes y fueron las primeras en saber que había resucitado.

Algunos de estos versículos fueron escritos sobre mujeres, como el poema al final de Proverbios. Otros son promesas para todos los creyentes a las que las mujeres se han aferrado en tiempos difíciles. Juntos muestran que Dios ve, valora y fortalece a la mujer, y que la verdadera belleza y fuerza nacen del temor del Señor.

Puedes leerlos para animarte, escribirlos en una tarjeta para tu madre, una amiga o tu hija, u orarlos en un día difícil.

Fuerza y dignidad

Mujer fuerte, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente á la de piedras preciosas.

Pr 31:10 · Reina-Valera 1909

William MacDonald explica que la última sección de Proverbios es un acróstico: cada versículo empieza con una letra del alfabeto hebreo en orden. John MacArthur añade que una mujer así existe, aunque es muy difícil de encontrar, y que virtuosa significa excelente.

Fortaleza y honor son su vestidura; Y en el día postrero reirá. Abrió su boca con sabiduría: Y la ley de clemencia está en su lengua.

Pr 31:25–26 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que la fuerza y el honor describen el carácter de la mujer que teme al Señor: la sabiduría que la viste le da confianza para enfrentar el futuro con sus retos inesperados.

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: La mujer que teme á Jehová, ésa será alabada.

Pr 31:30 · Reina-Valera 1909

El encanto y la belleza pasan, pero el temor de Dios permanece. MacDonald comenta que una mujer puede tener mucho atractivo y poco juicio, pero la que teme al Señor merece alabanza. MacArthur recuerda que Proverbios termina como empezó: con el temor del Señor.

El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios.

1 P 3:3–4 · Reina-Valera 1909

Pedro escribe a esposas cristianas, algunas con maridos que no creían. MacArthur aclara que no condena todo adorno externo, sino la preocupación constante por la apariencia descuidando el carácter. La belleza que Dios aprecia es un espíritu afable y apacible.

El cuidado y la fuerza de Dios

Dios está en medio de ella; no será conmovida: Dios la ayudará al clarear la mañana.

Sal 46:5 · Reina-Valera 1909

Muchas mujeres se aferran a este versículo, pero primero habla de la ciudad de Dios, Jerusalén. MacDonald explica que no será conmovida porque Dios está entronizado en ella. Todo el que pertenece a Dios puede tomar ánimo: Él está cerca y ayuda a tiempo.

Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas.

Is 40:11 · Reina-Valera 1909

Isaías presenta a Dios como un pastor que lleva los corderos en su seno y conduce con cuidado a las ovejas que crían. MacArthur señala que el mismo brazo poderoso que juzga apacienta con ternura a su rebaño. Es un consuelo para toda madre cansada.

Mujeres de fe

Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y que me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Rt 1:16 · Reina-Valera 1909

Rut, una viuda moabita, no quiso dejar a su suegra Noemí. MacArthur explica que estas palabras muestran su conversión del culto a Quemos al Dios de Israel, y MacDonald las llama una de las declaraciones más nobles de una gentil en el Antiguo Testamento.

Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?

Est 4:14 · Reina-Valera 1909

Mardoqueo animó a la reina Ester a interceder ante el rey por su pueblo. MacArthur ve aquí una fe sana en el poder soberano de Dios para preservar a su pueblo. Cada uno de nosotros puede preguntarse para qué lo ha puesto Dios en el lugar donde está.

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

Lc 1:45 · Reina-Valera 1909

Elisabet dijo estas palabras a María, que había ido a visitarla. María es bienaventurada porque creyó lo que el ángel le dijo, y porque la promesa de Dios ciertamente se cumpliría.

Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

Lc 10:41–42 · Reina-Valera 1909

Marta estaba ocupada preparando una gran comida para Jesús, mientras su hermana María, sentada a sus pies, lo escuchaba. Matthew Henry explica que sentarse a los pies de Cristo significa estar dispuesto a recibir su palabra. Servir es bueno, pero escucharle a Él va primero.

Y ACONTECIÓ después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.

Lc 8:1–3 · Reina-Valera 1909

Solo Lucas menciona a estas mujeres que acompañaban a Jesús y a los doce y los sostenían con sus bienes. MacDonald comenta que habían sido bendecidas por Él y que probablemente le ofrecían comida y alojamiento.

Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

Jn 20:18 · Reina-Valera 1909

María Magdalena fue la primera en ver al Señor resucitado, y Él la envió a avisar a los discípulos. MacDonald ve en este gran privilegio una recompensa por su devoción a Cristo.

Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también.

2 Ti 1:5 · Reina-Valera 1909

Pablo recuerda la fe sincera de Loida, la abuela de Timoteo, y de Eunice, su madre. MacArthur señala que Pablo probablemente las conocía en persona y que conocían bien las Escrituras, por lo que estaban preparadas para recibir a Jesús como el Mesías. Su fe en casa formó a un hombre que sirvió a Dios durante años.

Sea cual sea la etapa de tu vida, estos versículos te recuerdan que Dios te conoce por tu nombre y da fuerza a quienes confían en Él.