¿Qué versión de la Biblia es la mejor?
No hay una versión que sea la mejor para todos. Las traducciones literales, como la Reina-Valera o La Biblia de las Américas, se acercan más a las palabras del original, mientras que las dinámicas, como la NTV, se leen con más facilidad. La mejor elección es una traducción fiel que usted realmente lea, comparada de vez en cuando con otra.
El Antiguo Testamento se escribió sobre todo en hebreo, con algunos pasajes en arameo, y el Nuevo Testamento en griego. Pocos lectores conocen hoy estas lenguas, así que casi todos leemos la Biblia traducida. De ahí surge una pregunta lógica: con tantas versiones disponibles, ¿cuál conviene elegir?
Traducir es tan antiguo como leer la Biblia
Leer la Palabra de Dios en otra lengua no es una concesión moderna. Algo parecido ocurre ya en la propia Biblia. Después del exilio, Esdras leyó la Ley a los habitantes de Jerusalén, y los levitas les ayudaron a entenderla:
Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
Neh 8:8 · Reina-Valera 1909
John MacArthur admite que esto pudo incluir la traducción para quienes en el exilio solo habían aprendido arameo, aunque cree más probable que fuera una explicación del sentido. Matthew Henry saca la lección: quienes oyen la Palabra deben entenderla, porque de lo contrario para ellos no es más que un sonido de palabras. Sea como sea, el punto es el mismo: Dios quiere que su Palabra sea entendida por la gente sencilla.
En el Nuevo Testamento, un funcionario etíope leía al profeta Isaías de regreso a su tierra cuando Felipe se acercó a su carro:
Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees? Y dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.
Hch 8:30–31 · Reina-Valera 1909
Las palabras de Isaías que se citan en este relato (Hechos 8:32–33) siguen la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento hecha antes de Cristo. Desde el principio, la Escritura llegó a muchos lectores por medio de una traducción.
Qué hace fiel a una traducción
Pablo recuerda a Timoteo de dónde procede la Escritura:
Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia,
2 Ti 3:16 · Reina-Valera 1909
MacArthur explica que la palabra significa literalmente “respirada por Dios”. Dios usó la mente, el vocabulario y la experiencia de los autores humanos, y lo que escribieron es su Palabra. William MacDonald añade que hoy está justificado aplicar este versículo a toda la Biblia. Una traducción no añade nada a esa inspiración. Su tarea es transmitir a otro idioma, con la mayor exactitud y claridad posibles, el sentido de lo que Dios dio.
Este mismo versículo muestra qué decisiones enfrentan los traductores. Adam Clarke proponía traducirlo diciendo que toda escritura inspirada por Dios es útil. MacArthur, en cambio, argumenta con construcciones griegas parecidas que es precisa la traducción habitual, que llama inspirada por Dios a toda la Escritura. Ambas lecturas afirman que la Escritura viene de Dios. Los traductores sopesan cuestiones así casi en cada capítulo, y por eso las traducciones fieles pueden diferir en las palabras y enseñar lo mismo.