Salmo 139: explicación y significado

Respuesta breve

El Salmo 139 es una oración de asombro de David: Dios lo conoce por completo, está presente en todas partes y lo formó en el vientre de su madre. Esa verdad advierte y consuela a la vez: nada está oculto para Dios y nadie queda fuera de su alcance. El salmo termina pidiendo a Dios que examine el corazón y lo guíe por el camino eterno.

El Salmo 139 es una de las oraciones más personales de la Biblia. David no da una lección sobre el conocimiento y la presencia de Dios; habla con Dios sobre lo profundamente que Dios lo conoce. Matthew Henry menciona que algunos maestros judíos lo consideraban el más hermoso de los salmos de David. Veamos qué dice, parte por parte.

Sobre la numeración: en la Reina-Valera y en la mayoría de las Biblias modernas es el Salmo 139. En la tradición ortodoxa y en algunas Biblias católicas antiguas, que siguen la numeración griega, el mismo salmo es el 138.

Quién escribió el Salmo 139

El título lo atribuye a David. John MacArthur dice que la ocasión exacta se desconoce y sugiere que David quizá recordaba que el Señor mira el corazón (1 Samuel 16:7).

William MacDonald resume el hilo del salmo así: Dios lo sabe todo, está en todas partes, lo puede todo, y quien se opone a un Dios tan grande merece su juicio. MacArthur lo divide en cuatro partes: Dios lo sabe todo (versículos 1–6), está en todas partes (7–12), es todopoderoso (13–18) y David responde con devoción (19–24).

Tú me conoces

Al Músico principal: Salmo de David. OH Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, Has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, Y estás impuesto en todos mis caminos.

Sal 139:1–3 · Reina-Valera 1909

MacDonald explica que Dios nos conoce por dentro y por fuera: palabras y hechos, pensamientos y motivos. Sentarse y levantarse, andar y acostarse abarcan todo el día corriente. Dios entiende un pensamiento antes de que se forme. Henry subraya que David no dice que Dios lo sabe todo en general, sino que lo conoce a él.

Pues aun no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me guarneciste, Y sobre mí pusiste tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; Alta es, no puedo comprenderla.

Sal 139:4–6 · Reina-Valera 1909

Antes de que una palabra llegue a la lengua, Dios ya la conoce. Henry añade que conoce también el pensamiento del que nació y el propósito con que se dijo. Estar rodeado por detrás y por delante puede parecer al principio una vigilancia; MacArthur explica que Dios ponía límites a las acciones de David, y MacDonald, que por conocernos tan bien puede guardarnos por todos lados. La respuesta de David es asombro: ese conocimiento lo supera. MacArthur lo compara con la alabanza de Pablo por la profundidad de la sabiduría de Dios (Romanos 11:33).

¿A dónde me iré?

¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: Y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare las alas del alba, Y habitare en el extremo de la mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.

Sal 139:7–10 · Reina-Valera 1909

David no planea huir. Henry explica que nada deseaba tanto como estar cerca de Dios; solo imagina el intento. MacArthur ve en el Espíritu una referencia al Espíritu Santo; otros comentaristas lo entienden como Dios mismo, que es Espíritu y por eso está presente en todas partes (Juan 4:24). MacDonald aclara que la omnipresencia no es panteísmo: Dios es una persona distinta de su creación. Las alas del alba y el extremo del mar, explica MacArthur, son imágenes de la mayor distancia posible. Jonás intentó huir y descubrió que Dios también estaba allí (Jonás 1:3).

Y la presencia de Dios no es una vigilancia fría. Aun en el confín del mundo, su mano guía y sostiene.

Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá tocante á mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día: Lo mismo te son las tinieblas que la luz.

Sal 139:11–12 · Reina-Valera 1909

La noche no esconde a nadie de Dios. Henry saca una advertencia: los rincones secretos del pecado están tan abiertos ante Dios como los pecados más descarados. Pero también saca un consuelo: al creyente no lo separa de la presencia de su Amigo todopoderoso ni la distancia, ni la oscuridad, ni la muerte.

Una obra admirable

Porque tú poseiste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, Y mi alma lo conoce mucho. No fué encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fuí formado, Y compaginado en lo más bajo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.

Sal 139:13–16 · Reina-Valera 1909

Ahora David da la razón más profunda por la que Dios lo conoce: Dios lo hizo. MacArthur explica que, mediante el proceso de la gestación que Él mismo diseñó, Dios vigila el desarrollo del niño en el vientre. Dios teje al niño con huesos y tendones (compárese Job 10:11). MacDonald se asombra de la complejidad del cuerpo humano y dice que, cuanto más pensamos en ella, más sorprende que alguien no crea en un Creador. La formación del niño antes de nacer era para los sabios de Israel uno de los grandes misterios (Eclesiastés 11:5).

Lo profundo de la tierra es una imagen del lugar oculto donde David fue formado. MacDonald observa que David habla de sí mismo como «yo» y «mí» aun en el vientre, y concluye que, según la Biblia, la persona existe ya antes de nacer.

El libro del versículo 16 compara la mente de Dios con un registro. MacArthur ve en él el plan soberano de Dios para los días de David antes de su concepción.

Los pensamientos de Dios

Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas! Si los cuento, multiplícanse más que la arena: Despierto, y aun estoy contigo.

Sal 139:17–18 · Reina-Valera 1909

El conocimiento que Dios tiene de David no es frío. MacArthur explica que David se maravilla ante la mente infinita de Dios comparada con la mente limitada del hombre. Henry añade que los pensamientos de Dios hacia los suyos son pensamientos de bien, más numerosos de lo que se puede contar, y que nos ayuda pensar en Él al despertar cada mañana.

Los versículos difíciles

De cierto, oh Dios, matarás al impío; Apartaos pues de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti: Tus enemigos toman en vano tu nombre ¿No tengo en odio, oh Jehová, á los que te aborrecen, Y me conmuevo contra tus enemigos? Aborrézcolos con perfecto odio; Téngolos por enemigos.

Sal 139:19–22 · Reina-Valera 1909

El giro repentino hacia los impíos sorprende a muchos lectores. MacDonald explica que el odio de David no venía de una ofensa personal, sino de que esas personas odiaban a Dios y se rebelaban contra Él. MacArthur dice que David odiaba sus obras pecaminosas.

Henry aporta un equilibrio importante: todos los que temen al Señor aborrecen el pecado y se lamentan por los pecadores, y aunque evitemos sus caminos, debemos orar por ellos, porque con Dios su conversión es posible. Jesús enseñó a sus discípulos a amar a sus enemigos y orar por ellos (Mateo 5:44).

Examíname, oh Dios

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

Sal 139:23–24 · Reina-Valera 1909

El salmo vuelve a su comienzo: lo que al principio era una afirmación, que Dios lo había examinado, ahora es una petición. MacArthur explica que, a la luz de los versículos anteriores, David pide a Dios que siga examinando su corazón para arrancar toda iniquidad. Henry dice que el Señor nos conoce por completo y nosotros somos extraños para nosotros mismos, así que debemos pedir que nos examine por su Palabra y su Espíritu.

El camino eterno, según MacArthur, expresa el anhelo de David por la vida eterna. Henry lo llama el camino de la piedad, que conduce a la vida sin fin.

Qué significa el Salmo 139 para ti

Este salmo advierte y consuela a la vez. Nada está oculto, pero nadie está olvidado. El Dios que conoce lo peor de ti te formó con cuidado, te sostiene en la oscuridad y piensa en ti más veces de las que puedes contar.

Por eso el salmo termina donde puede empezar toda oración sincera: pide a Dios que examine tu corazón, te muestre lo que no está bien y te guíe por su camino.