Las 7 iglesias del Apocalipsis y su significado

Respuesta breve

Las siete iglesias del Apocalipsis eran congregaciones reales en la provincia romana de Asia, en el oeste de la actual Turquía: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. En Apocalipsis 2–3 Jesús resucitado envía a cada una una breve carta con elogio, reprensión y promesa. Cada carta termina con el llamado a oír lo que el Espíritu dice a las iglesias, así que todas hablan a cada iglesia y creyente.

El libro del Apocalipsis comienza con una visión. En la isla de Patmos el apóstol Juan ve a Cristo resucitado y oye la orden de escribir lo que ve y enviarlo a siete iglesias.

Que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envía lo á las siete iglesias que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á Laodicea.

Ap 1:11 · Reina-Valera 1909

Las siete ciudades estaban en la provincia romana de Asia, en el oeste de la actual Turquía. En la visión Cristo anda en medio de siete candeleros de oro y tiene siete estrellas en su mano derecha, y explica que los candeleros son las iglesias (Apocalipsis 1:20). John MacArthur recuerda que en la Biblia el siete es el número de lo completo, de modo que estas siete iglesias representan también a todas las iglesias.

Siete iglesias reales con problemas reales

Todas las cartas siguen el mismo esquema: un saludo al ángel de la iglesia, un título de Cristo tomado de la primera visión, la seguridad de que Él conoce sus obras, elogio o reprensión, advertencia o ánimo, una promesa al que vence y el llamado a oír lo que dice el Espíritu. MacArthur entiende la palabra «ángel» en su sentido básico de «mensajero», es decir, un líder de la iglesia.

Las cartas están llenas de detalles locales, y los comentaristas muestran cómo encajan con cada ciudad.

Éfeso era el principal puerto de Asia y la sede del famoso templo de Artemisa (Apocalipsis 2:1–7). La iglesia trabajaba, resistía y desenmascaraba a los falsos apóstoles. Pero Cristo tiene contra ella un reproche serio.

Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto á ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

Ap 2:4–5 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que la pureza de doctrina y el servicio fiel habían ocupado el lugar del amor ardiente por Cristo. William MacDonald añade que, sin arrepentimiento, la congregación dejaría de existir y su testimonio se apagaría.

Esmirna, la actual Izmir, era una iglesia pobre y perseguida. Cristo no le reprocha nada (Apocalipsis 2:8–11).

No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo ha de enviar algunos de vosotros á la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

Ap 2:10 · Reina-Valera 1909

Según MacArthur, la corona aquí es la guirnalda que recibía el atleta vencedor: el premio es la vida misma.

Pérgamo es llamada el lugar donde está el trono de Satanás. MacArthur lo relaciona con los templos paganos de la ciudad y su enorme altar de Zeus, y MacDonald con el culto al emperador. La iglesia se mantuvo fiel aun bajo amenaza de muerte, pero toleraba una enseñanza que permitía los banquetes idólatras y la inmoralidad (Apocalipsis 2:12–17). Tiatira recibe elogios por un amor, una fe y un servicio que van en aumento, pero dejó que una supuesta profetisa, «Jezabel», arrastrara a los creyentes a los mismos pecados. MacDonald sugiere que ella justificaba la participación en los gremios de la ciudad y sus fiestas idólatras (Apocalipsis 2:18–29).

Sardis tenía nombre de que vivía, pero estaba muerta (Apocalipsis 3:1–6). Cristo la llama a despertar y le advierte que vendrá como ladrón; MacArthur aclara que no se trata aquí de la segunda venida, sino de un juicio repentino sobre una iglesia muerta. Filadelfia, una iglesia fiel con poca fuerza, solo recibe elogios.

Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

Ap 3:8 · Reina-Valera 1909

MacArthur entiende la puerta abierta como la entrada al reino o como una oportunidad de servir (Apocalipsis 3:7–13).

Laodicea no recibe ningún elogio (Apocalipsis 3:14–22).

Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Ap 3:15–16 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica la imagen. Cerca de allí, Hierápolis tenía aguas termales y Colosas agua fría de montaña, pero a Laodicea el agua llegaba por un acueducto y ya tibia. La ciudad rica era conocida por sus bancos, su lana y su colirio, y Cristo le ofrece oro verdadero, vestiduras blancas y colirio para sus ojos ciegos (Apocalipsis 3:18). Luego viene uno de los versículos más conocidos de la Biblia.

He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.

Ap 3:20 · Reina-Valera 1909

MacArthur reconoce que suele leerse como Cristo llamando a la puerta del corazón de una persona, aunque él mismo ve aquí a Cristo queriendo entrar en una iglesia que llevaba su nombre sin conocerlo. En cualquier caso la invitación es personal: es para todo el que oye su voz y abre.

¿Representan las siete iglesias la historia de la Iglesia?

Algunos maestros de la Biblia ven en las siete cartas un esbozo profético de la historia de la Iglesia. MacDonald describe tres maneras de aplicar las cartas: a las iglesias reales del tiempo de Juan, a la Iglesia en cualquier momento de su historia y, según muchos, a épocas sucesivas desde el primer siglo hasta el fin. Desde esa tercera perspectiva, por ejemplo, Éfeso sería la iglesia del primer siglo y Esmirna la de las persecuciones de los emperadores romanos.

Otros comentaristas mantienen el foco en las iglesias mismas. MacArthur explica cada carta por las circunstancias de su ciudad, y Matthew Henry señala que estas iglesias eran tan distintas entre sí que las palabras de Cristo siempre servirán para el caso de otras iglesias y creyentes. En esto las opiniones coinciden: piense uno lo que piense del esquema histórico, las cartas hablan a las iglesias de todas las épocas.

Lo que las cartas nos dicen hoy

Cada carta termina con el mismo llamado.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Ap 2:7 · Reina-Valera 1909

El Espíritu habla a las iglesias, en plural, así que cada carta es para todas. MacArthur y MacDonald explican que el vencedor no es una clase especial de cristianos, sino todo creyente verdadero, cuya fe en Cristo vence al mundo (1 Juan 5:5).

Las siete cartas muestran que Cristo conoce sus iglesias. Ve su amor y sus concesiones al mundo, su fidelidad bajo presión y su autocomplacencia. Elogia lo bueno, llama al arrepentimiento donde hace falta y promete vida a los que perseveran. La pregunta que estas cartas dejan a cada lector es sencilla: ¿qué le diría Él a mi iglesia, y a mí?