¿Qué dice la Biblia sobre el infierno?
La Biblia enseña que el infierno es real: el estado final de separación de Dios para quienes lo rechazan, descrito como castigo eterno. Al mismo tiempo muestra que Dios no quiere que nadie se pierda y llama con paciencia a todos al arrepentimiento.
El infierno es uno de los temas más difíciles de la Biblia, y mucha gente preferiría evitarlo. Pero el mismo Jesús habló de él más de una vez, y forma parte de lo que la Biblia dice sobre la gravedad del pecado y la grandeza del rescate de Dios. Vale la pena leer con calma y con honestidad lo que la Escritura dice en realidad.
Jesús habló del castigo eterno
Al final de su enseñanza sobre el juicio final, Jesús separa a las personas en dos grupos.
E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.
Mt 25:46 · Reina-Valera 1909
John MacArthur señala que en griego se usa la misma palabra para el castigo y para la vida. El castigo de los impíos es tan interminable como la bienaventuranza de los justos; no son aniquilados, pero tampoco se les da una segunda oportunidad. John Wesley llega a la misma conclusión lógica: o el castigo es eterno en sentido estricto, o lo es también el premio. MacArthur y Wesley leen estas palabras como castigo eterno y consciente. Los cristianos no coinciden todos: algunos piensan que al final los impíos serán destruidos, y unos pocos esperan la restauración de todos.
Jesús dice además que ese fuego fue preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41).
Lo que muestra la historia del rico y Lázaro
La historia del rico y Lázaro permite asomarse al estado de los muertos.
Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.
Lc 16:23–24 · Reina-Valera 1909
MacArthur explica que «Hades» en griego significa el lugar de los muertos, y que Cristo lo describe aquí como un lugar donde el tormento ya ha comenzado: fuego, una conciencia alimentada por el recuerdo de una oportunidad perdida y una separación definitiva de Dios y de todo lo bueno. William MacDonald distingue entre el Hades, estado de espera de los muertos no salvos, y el infierno final tras el juicio. Matthew Henry señala que el pecado de este hombre fue ocuparse solo de sí mismo: se puede tener toda la riqueza de este mundo y perderse igual.