¿Qué es el pecado imperdonable?

Respuesta breve

El pecado imperdonable es la blasfemia contra el Espíritu Santo: atribuir a sabiendas y con obstinación la obra de Dios a Satanás, rechazando al único que conduce al arrepentimiento. Quien se angustia por esto y desea perdón demuestra que no lo ha cometido, pues Cristo promete perdonar a los que confiesan sus pecados.

Pocas frases de la Biblia asustan tanto como la que habla del pecado que no será perdonado. Algunos temen haberlo cometido por un mal pensamiento o una palabra de enojo. Para entender lo que quiso decir Jesús, hay que ver en qué circunstancias lo dijo.

Qué dijo Jesús y a quién

Jesús acababa de expulsar un demonio de un hombre. Los fariseos tenían su propia respuesta: Él echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios. Entonces Jesús pronunció una advertencia solemne.

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres. Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

Mt 12:31–32 · Reina-Valera 1909

Marcos recoge las mismas palabras y añade por qué las dijo Jesús.

De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren; Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.

Mr 3:28–29 · Reina-Valera 1909

William MacDonald explica que, al acusar a Jesús de expulsar demonios por el poder de Satanás, los escribas llamaron de hecho Beelzebú al Espíritu Santo. John MacArthur subraya que fue un rechazo deliberado de lo que los fariseos sabían que venía de Dios: no podían negar lo que el Espíritu hacía por medio de Jesús y por eso lo atribuyeron a Satanás.

Por qué este pecado no se perdona

Al principio sorprende que Jesús diga que todo otro pecado y blasfemia se perdonará, incluso una palabra contra el Hijo del Hombre. MacArthur lo explica así: quien nunca ha visto el poder de Cristo puede rechazarlo por ignorancia y ser perdonado si se arrepiente. Un ejemplo es Saulo de Tarso, que persiguió a la iglesia por ignorancia y alcanzó misericordia (1 Timoteo 1:13). Pero los que saben que las palabras de Cristo son verdaderas y aun así lo rechazan pecan contra el Espíritu, porque es el Espíritu quien da testimonio de Cristo y da a conocer su verdad.

No hay perdón porque la persona rechaza el único camino por el cual podría recibirlo. Los fariseos habían rechazado ya toda revelación posible.

¿Podría haberlo cometido yo?

Los cristianos lo entienden de manera algo distinta. MacDonald considera dudoso que este pecado pueda cometerse hoy de la misma forma, porque Jesús no está presente en el cuerpo haciendo milagros. Añade que no es lo mismo que rechazar el evangelio: una persona puede despreciarlo durante años y aun así salvarse. MacArthur, en sus notas a Marcos, habla de forma más amplia: quien calumnia de modo deliberado e irreverente la obra del Espíritu y rechaza así a Cristo mismo pierde todo derecho al perdón.

Sea cual sea la postura, el punto pastoral es el mismo. Matthew Henry escribe que los creyentes humildes y concienzudos son tentados a veces a pensar que han cometido el pecado imperdonable, mientras que quienes más se acercan a él rara vez lo temen. Los que de veras se arrepienten y creen el evangelio no lo han cometido, porque el arrepentimiento y la fe son dones de Dios, que no los daría a alguien a quien hubiera decidido no perdonar. Quienes temen haberlo cometido dan así una buena señal.

La promesa sigue abierta

La misma Biblia que advierte da también una promesa clara.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

1 Jn 1:9 · Reina-Valera 1909

MacArthur ve en la confesión continua del pecado una señal de salvación genuina: el cristiano verdadero admite su pecado y lo abandona. MacDonald añade que la confesión verdadera llama al pecado por su nombre, se pone del lado de Dios contra él y lo deja atrás. Dios es fiel porque prometió perdonar y cumplirá, y es justo porque tiene un fundamento justo para perdonar: la obra sustitutiva de Cristo en la cruz.

Si su pecado le atormenta y desea ser perdonado, ese no es el cuadro de los fariseos, que se endurecieron contra la luz. Lleve su pecado a Dios y pida perdón. Cristo está dispuesto a concederlo (Mateo 11:28).