¿Qué es el arrepentimiento?

Respuesta breve

El arrepentimiento es un cambio de mente y de corazón respecto al pecado: verlo como Dios lo ve y volverse de él hacia Dios. Es más que remordimiento, y va unido a la fe en Cristo y a la promesa de perdón de Dios.

Muchos oyen «arrepentimiento» y piensan en autoflagelarse o en un ritual sombrío de penitencia. La Biblia se refiere a algo muy distinto, y mucho más esperanzador. El arrepentimiento es el camino a casa: el momento en que una persona deja de ir por su propio camino y vuelve a Dios.

El arrepentimiento recorre todo el mensaje de Jesús y de sus apóstoles. Para entender qué es, conviene ver primero qué no es, luego cómo describe la Biblia el corazón que se vuelve, y por último qué hace Dios en respuesta.

Un cambio de mente que cambia la dirección

John MacArthur explica, a propósito del llamado de Juan el Bautista en Mateo, que no se trata de un cambio abstracto de pensamiento ni de simple pesar o remordimiento, sino del abandono completo del pecado, cuyo fruto es inevitablemente la justicia. Con el mismo llamado comenzó Jesús su predicación.

Así predicó también Pedro tras la sanidad del cojo.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor,

Hch 3:19 · Reina-Valera 1909

MacArthur señala que «convertirse» alude en el Nuevo Testamento a la manera como los pecadores se vuelven a Dios, y que la palabra «borrados» compara el perdón con quitar la tinta del papel. Por eso Jesús pudo llamar en un solo aliento al arrepentimiento y a la fe (Marcos 1:15). Son dos caras de un mismo giro. De la otra cara habla ¿Qué es la fe?.

Tristeza según Dios y tristeza del mundo

Pablo escribe a los corintios sobre dos clases de tristeza.

Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte.

2 Co 7:10 · Reina-Valera 1909

William MacDonald la describe así: la tristeza según Dios es el pesar que entra en la vida de alguien tras haber pecado y que lo lleva al arrepentimiento; la persona se da cuenta de que Dios le habla y se pone del lado de Dios contra sí misma y contra su pecado. La tristeza del mundo, en cambio, es solo remordimiento, que produce amargura y desesperación. Como ejemplo, MacDonald cita a Judas: lamentó no la muerte del Señor Jesús, a la que su pecado condujo, sino la terrible cosecha que él mismo había recogido.

MacArthur dice que la tristeza mundana es la culpa de una conciencia no santificada, no más que orgullo herido del que ha sido descubierto, y lleva a vergüenza, desesperación, autocompasión y desesperanza. El verdadero arrepentimiento, afirma, es una tristeza producida por el Espíritu Santo y está en el corazón de la salvación.

Es una buena noticia para quien teme no sentirlo lo bastante. La medida del arrepentimiento no es cuánto sufre usted, sino si se vuelve a Dios.

El cielo se alegra

Jesús cuenta tres historias de lo perdido y lo hallado y las lleva a un solo punto.

Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

Lc 15:7 · Reina-Valera 1909

MacArthur observa que se trata del gozo de Dios mismo, frente a las quejas de los fariseos en la tierra, y que los «justos que no necesitan de arrepentimiento» son quienes se consideran justos en su propia opinión. MacDonald aclara que el versículo no significa que algunas personas no necesiten arrepentirse: todos son pecadores y todos deben arrepentirse para ser salvos.

La tercera historia, la del hijo pródigo, muestra cómo es el arrepentimiento en una persona.

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

Lc 15:17–20 · Reina-Valera 1909

MacArthur señala que el pecado continuo llevó al hijo a la ruina y al hambre, y entonces «volvió en sí»: comprendió no solo lo inútil de su situación, sino también la gravedad de su pecado contra su padre. Y el padre, dice, esperaba y anhelaba su regreso. Dios no espera a que nos arreglemos. Al giro mismo responde un Padre que vigilaba el camino. La historia completa está en Parábola del hijo pródigo: explicación y reflexión.

Confesión y perdón

¿Qué ocurre cuando volvemos? Juan da la promesa.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

1 Jn 1:9 · Reina-Valera 1909

MacDonald escribe que Dios es fiel porque prometió perdonar y cumplirá su promesa, y justo porque tiene una base justa para perdonar: la muerte sustitutiva de Cristo. Añade que la verdadera confesión implica llamar a nuestros pecados por su nombre ante Dios, ponernos de su parte contra ellos y abandonarlos. MacArthur ve en la confesión continua del pecado una señal de salvación genuina.

El arrepentimiento no es un pago que compra el perdón. El perdón descansa en lo que Cristo hizo, y el arrepentimiento es la manera de recibirlo. Si no sabe por dónde empezar, empiece por donde empezó el hijo: reconocerlo, volverse y regresar a casa.