¿Cómo perdonar a quien me hizo daño?
Perdonar es liberar a la persona de la deuda por el mal que te hizo, como Dios en Cristo te liberó a ti. Es una decisión de la voluntad que puedes tomar confiando en que Dios juzgará con justicia, aun antes de que el dolor pase.
Pocas cosas en la vida cristiana cuestan tanto como perdonar a quien nos ha herido profundamente. La Biblia no lo trata como algo menor ni como un mero sentimiento. Hace del perdón parte de seguir a Jesús y da la razón que lo hace posible: a nosotros se nos perdonó primero.
Perdonad como Dios os perdonó
Pablo basa todo el mandamiento en lo que Dios ya hizo.
Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
Ef 4:32 · Reina-Valera 1909
John MacArthur explica que quienes han sido perdonados tanto por Dios deberían, con más razón que los demás, perdonar las ofensas comparativamente pequeñas de otros, y señala la parábola de Mateo 18 como la ilustración más gráfica. Pablo dice lo mismo en Colosenses.
Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Col 3:13 · Reina-Valera 1909
William MacDonald comenta que soportarse unos a otros describe la paciencia con los errores y rarezas de los hermanos. A menudo necesitamos la gracia de Dios para tolerar los rasgos de otros, igual que ellos la necesitan para tolerar los nuestros. Y Matthew Henry, sobre Lucas 17, dice que la fe en la misericordia perdonadora de Dios nos capacita para superar las mayores dificultades que haya para perdonar a nuestros hermanos.
Por eso el perdón no empieza con la disculpa del otro, sino recordando cuánto le debemos a Dios.
¿Cuántas veces?
Pedro se creía generoso.
Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
Mt 18:21–22 · Reina-Valera 1909
MacArthur señala que los rabinos enseñaban que perdonar más de tres veces era innecesario, de modo que los siete de Pedro ya eran generosos. Jesús respondió con una cifra que no se puede contar. MacDonald escribe que no quiso que llevásemos literalmente la cuenta de 490, sino que expresó un número indefinido de veces. Henry añade que hay algo malo en contar las ofensas perdonadas, porque insinúa que pensamos vengarnos cuando se colme la medida.
Luego Jesús contó la historia de un siervo a quien se le perdonó una deuda enorme y que no quiso perdonar una diminuta a su compañero (Mateo 18:23–35). MacDonald aplica la parábola con claridad: Dios pagó por completo una deuda que nunca podríamos pagar, ¿cómo vamos a negarnos a perdonar una pequeña?