La bendición sacerdotal: «Jehová te bendiga y te guarde» (Números 6:24-26)
La bendición aarónica es la bendición sacerdotal que Dios dio a Aarón y a sus hijos para pronunciarla sobre Israel. Pide al Señor que bendiga y guarde a su pueblo, que le muestre su favor y su gracia y que le dé paz, y Dios prometió respaldarla Él mismo. Los cristianos la siguen usando como bendición al final del culto y a menudo ven en sus tres líneas una alusión al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La bendición de Aarón, también llamada bendición sacerdotal, es una de las oraciones más antiguas y queridas de la Biblia. Muchas iglesias terminan el culto con ella, los padres la pronuncian sobre sus hijos y a menudo se elige para bautismos y bodas. William MacDonald recuerda que el evangelista D. L. Moody la apreciaba mucho: decía que esta bendición puede llegar a todo el mundo, que cada día puede empezar con ella y cada carta terminar con ella. Veamos de dónde viene y qué significa cada una de sus líneas.
Palabras de Dios para bendecir a su pueblo
Y Jehová habló á Moisés, diciendo: Habla á Aarón y á sus hijos, y diles: Así bendeciréis á los hijos de Israel, diciéndoles:
Nm 6:22–23 · Reina-Valera 1909
La bendición está al final de la primera parte del libro de Números. John MacArthur explica que el Israel obediente, organizado delante del Señor y consagrado a Él, era el destinatario del favor de Dios pronunciado por los sacerdotes. Esa primera sección termina con una petición de bendición, igual que la siguiente (Números 10:35–36).
Matthew Henry señala algo poco común. Para otras partes del culto Dios no dio una forma fija, pero aquí puso en boca de los sacerdotes las palabras exactas, para que nadie pensara que la bendición era invención suya. Aun así, como observa John Wesley, los sacerdotes no estaban atados solo a estas palabras: Moisés, David y Salomón bendijeron después al pueblo con otras.
Según la tradición judía, que recoge Albert Barnes, los sacerdotes pronunciaban esta bendición al terminar el sacrificio diario, y todavía se usa en la sinagoga.
Tres líneas que suben hasta la paz
Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: Jehová alce á ti su rostro, y ponga en ti paz.
Nm 6:24–26 · Reina-Valera 1909
Los comentaristas observan que la bendición tiene tres partes y que cada una sube un escalón, hasta llegar a la paz, el don más completo que Dios da a su pueblo. En cada línea, la segunda mitad explica la primera.
Bendecir y guardar. La bendición de Dios es su bondad en acción. MacArthur resume sus resultados así: la protección de Dios sobre Israel, su bondad para con la nación y su bienestar completo, la paz.
Su rostro que resplandece. MacArthur explica que el rostro de Dios es su presencia: Él resplandecía en benevolencia sobre Israel y lo miraba para bien. Henry compara este favor con la sonrisa de un Padre amoroso o con los rayos del sol que dan calor. A esa luz la línea añade la gracia, la misericordia de Dios hacia quienes no la merecen.
Su rostro alzado y la paz. Alzar el rostro hacia alguien es mirarlo con cuidado y atención. La última palabra es paz, shalom en hebreo: no solo ausencia de conflicto, sino la suma de todo el bien que Dios da, paz con Dios, con la propia conciencia y con los demás. Henry dice que proteger, mostrar favor, perdonar, suplir y consolar son la sustancia de esta bendición y la suma de todas las bendiciones; a su lado, los gozos del mundo no merecen ni mencionarse.
La bendición habla en singular: «te». Henry subraya que alcanza a cada persona, como si su propio nombre estuviera escrito en ella.