La historia de Job en la Biblia: resumen y enseñanza
El libro de Job cuenta la historia de un hombre justo que perdió sus bienes, sus hijos y su salud, y aun así no maldijo a Dios. Sus amigos insistían en que sufría por sus pecados, pero al final Dios habló a Job desde un torbellino, le mostró su sabiduría y su poder, y Job se humilló y confió en él. El libro enseña que Dios es sabio y bueno aun cuando no sabemos por qué sufrimos.
El libro de Job plantea en forma de historia una de las preguntas más antiguas que el ser humano le hace a Dios: ¿por qué sufre una persona justa? El comienzo y el final están escritos en prosa, y la larga parte central, desde el capítulo 3 hasta el principio del capítulo 42, es poesía: una serie de discursos en los que Job y sus amigos luchan con su dolor. John MacArthur señala que Job medía su riqueza en ganado, como los patriarcas, y Matthew Henry pensaba que vivió poco después de Abraham o incluso antes.
Un hombre justo y una prueba que no podía ver (Job 1–2)
El libro empieza presentando a su protagonista.
HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal.
Job 1:1 · Reina-Valera 1909
Warren Wiersbe explica que Job no era un hombre sin pecado, sino sincero y obediente ante el Señor, y que temía a Dios no con terror, sino con una confianza humilde. MacArthur añade que era un esposo y padre entregado, que incluso ofrecía sacrificios por sus hijos por si habían pecado (Job 1:5).
Luego la escena pasa al cielo. Satanás, cuyo nombre significa «adversario», afirma que Job sirve a Dios solo porque Dios lo ha bendecido y protegido. Dios le permite quitarle todo lo que tiene, pero no tocar a Job mismo (Job 1:6–12). MacArthur subraya que ni Job ni sus amigos supieron nunca de esta conversación. Henry ve en la escena cuánto odia Satanás a los piadosos y con qué firmeza lo sujeta Dios.
En un solo día Job pierde bueyes, asnas, ovejas, camellos y criados, y un viento derrumba la casa donde mueren sus diez hijos (Job 1:13–19). La respuesta de Job es uno de los pasajes más conocidos de la Biblia.
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró; Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno.
Job 1:20–22 · Reina-Valera 1909
MacArthur observa que Job recibió con calma las primeras noticias, pero la muerte de sus hijos le arrancó todas las señales de duelo. Aun así, en lugar de maldecir, adoró. Su respuesta humilde refutó la acusación del adversario.
Llega una segunda prueba: Job es herido con una sarna maligna de pies a cabeza, y su mujer le dice que maldiga a Dios y muera. Él responde que hay que recibir de Dios tanto el bien como el mal (Job 2:7–10). MacArthur recuerda que nadie puede entender los discursos posteriores de Job sin tener presente el dolor físico constante que sufría.
Job y sus amigos (Job 3–37)
Tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, vienen a consolar a Job y se sientan siete días en silencio junto a él (Job 2:11–13). Después Job rompe el silencio maldiciendo el día en que nació (Job 3:1–3).
Siguen tres rondas de discursos. Los amigos defienden una sola idea: Dios siempre premia a los justos y castiga a los malos en esta vida, así que Job tiene que haber pecado. Job insiste en su inocencia, se queja con amargura y exige que Dios le responda. En uno de sus momentos más oscuros dice algo asombroso.
Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo: Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios;
Job 19:25–26 · Reina-Valera 1909
MacArthur escribe que, en el punto más hondo de su desesperación, la fe de Job llegó a su cumbre, al declarar con seguridad que Dios era su Redentor.
Después habla largamente un hombre más joven, Eliú (Job 32–37). MacArthur lo describe enojado y duro con Job, aunque aporta algunas ideas nuevas.