¿Existió Jesús realmente?

Respuesta breve

Sí. El Nuevo Testamento presenta a Jesús como una persona real de la historia, unida a gobernantes y lugares con nombre y respaldada por testigos oculares a quienes aún se podía preguntar. Sus autores insisten en que no cuentan mitos.

Algunos se preguntan si Jesús fue una persona real o un personaje de leyenda. La Biblia no responde «tú cree y ya». Sus autores dicen claramente que cuentan hechos que ocurrieron, y dan nombres, lugares y testigos para que el lector pueda comprobarlo.

Lucas escribió como historiador

Lucas abre su Evangelio como un historiador antiguo y explica qué hizo antes de escribir.

HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo, Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

Lc 1:1–4 · Reina-Valera 1909

William MacDonald señala que en el prólogo Lucas nombra sus fuentes escritas y orales y el método que siguió, y que comprobó la exactitud de lo reunido. La Biblia de Estudio de Ginebra recuerda que el propio Lucas no vio a Jesús: escribe a partir de su investigación y considera completamente fiable lo que descubrió. John MacArthur añade que Lucas pudo consultar a testigos oculares: tuvo más de dos años en Cesarea mientras Pablo estaba preso allí, y se sabe que conoció a Felipe (Hechos 21:8).

Ya existían muchos relatos. Según la Biblia de Estudio de Ginebra, muchos de esos escritos tempranos no han llegado hasta nosotros. Los Evangelios no son, pues, el primer intento de poner por escrito la vida de Jesús, sino los que se conservaron.

Gobernantes reales, fechas reales

Lucas no deja la historia de Jesús en un vago «érase una vez». La ata al mapa político de su época.

Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Lc 3:1–2 · Reina-Valera 1909

La Biblia de Estudio de Ginebra sitúa el año quince de Tiberio entre los años 27 y 29 d. C. MacArthur explica que Anás conservó el poder real aun después de ser depuesto y que Caifás era su yerno, y menciona que el historiador judío Josefo también registra a Anás como sumo sacerdote.

Todos los nombrados fueron funcionarios reales: el emperador Tiberio, Pilato, Herodes el tetrarca y los sumos sacerdotes Anás y Caifás. Adam Clarke observa que Lucas señala personas, lugares y tiempos con la mayor exactitud, y que en eso el Evangelio se distingue de los mitos nacidos en un rincón y sin testigos.

Testigos a quienes aún se podía preguntar

Pablo transmite lo que él mismo recibió: un resumen de lo que enseñaban los primeros cristianos.

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras; Y que apareció á Cefas, y después á los doce. Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos.

1 Co 15:3–6 · Reina-Valera 1909

La Biblia de Estudio de Ginebra llama a estos versículos el núcleo de la enseñanza de la iglesia primitiva y subraya que la mayoría de los quinientos hermanos aún vivían cuando Pablo escribió, de modo que cualquiera podía comprobar los hechos. MacDonald dice lo mismo: si alguien hubiera querido discutir a Pablo, los testigos podían ser interrogados.

Pedro insiste en lo mismo.

Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.

2 P 1:16 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que las «fábulas» eran historias míticas de dioses y milagros, y que Pedro les opone lo que los apóstoles vivieron en persona. MacDonald lo relaciona con la Transfiguración, cuando Pedro vio con sus propios ojos la gloria de Jesús, y añade que el testimonio de los apóstoles se apoya en un hecho, no en un mito.

Qué significa esto

Los Evangelios no son mitos. Son relatos de quienes vieron a Jesús o hablaron con quienes lo vieron, y sabían que sus lectores podían comprobarlos. Eso no lo demuestra todo por sí solo, pero cambia la pregunta: no «¿existió?», sino «¿quién es?». De eso tratan quién es Jesucristo, la cruz y la resurrección.