¿Cómo puedo resistir la tentación?

Respuesta breve

La tentación en sí no es pecado, y Dios no permite que supere lo que usted puede soportar. Se resiste manteniéndose cerca de Dios: velar y orar, someterse a Él, resistir al diablo, responder con la Escritura y tomar la salida que Dios da.

Todos somos tentados, también quienes siguen a Cristo desde hace muchos años. La tentación es el impulso a hacer lo incorrecto: un pensamiento o un deseo que nos invita a dejar el camino de Dios. La Biblia no ve en ello un motivo de desesperación. Dice de dónde viene la tentación, qué promete Dios en medio de ella y qué podemos hacer.

Jesús comprende su tentación

No estamos solos ante la tentación, porque el Hijo de Dios pasó por ella:

Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

He 4:15 · Reina-Valera 1909

William MacDonald escribe que solo puede compadecerse de verdad quien ha pasado por algo parecido: Cristo, como hombre, pasó por todo lo que nosotros pasamos, aunque no puede simpatizar con el pecado porque nunca pecó. John MacArthur añade que Jesús podía ser tentado, como en el desierto (Mateo 4:1–11), pero no podía pecar. Matthew Henry halla en ello un consuelo: las tentaciones a las que no cedemos no son pecados, sino solo pruebas.

Por eso ser tentado no demuestra que esté lejos de Dios. Lo que importa es qué hacemos con la tentación. El mismo pasaje nos invita a acercarnos al trono de la gracia para hallar misericordia y ayuda oportuna (Hebreos 4:16).

La tentación no viene de Dios

Ayuda conocer el origen del problema. Santiago escribe:

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.

Stg 1:13–15 · Reina-Valera 1909

MacArthur explica que Dios permite pruebas, pero la prueba se vuelve tentación cuando respondemos con duda y desobediencia. Señala que Santiago usa la imagen de la caza: el deseo es el cebo que nos atrae a la trampa. La Biblia de Estudio de Ginebra distingue entre probar y tentar: Dios prueba a las personas, pero nunca las tienta a pecar; a Jesús, en el desierto, lo probó Dios y lo tentó Satanás. MacDonald añade que nos gusta buscar culpables fuera, pero el pecado empieza en nuestro propio corazón y somos responsables de él.

Esto también es una buena noticia. Si la tentación crece de nuestros deseos, podemos aprender a notarlos, nombrarlos y llevarlos a Dios a tiempo. Matthew Henry aconseja detener el pecado en sus comienzos.

Dios pone límites y da una salida

Cuando la tentación parece insoportable, recuerde esta promesa:

No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podeís llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.

1 Co 10:13 · Reina-Valera 1909

MacDonald señala que Dios no promete librarnos de la tentación, sino limitar su fuerza y darnos alivio para que podamos soportarla. La Biblia de Estudio de Ginebra saca una conclusión seria: como Dios nunca permite más de lo que podemos soportar, para el creyente el pecado nunca es inevitable. Matthew Henry escribe que Dios es sabio además de fiel y librará de la prueba misma o, al menos, de su daño. La salida es real, pero hay que tomarla. En la práctica puede significar salir de la habitación, cerrar la página, llamar a un amigo o cambiar los planes de la noche.

Qué hacer cuando llega la tentación

Jesús dio a sus discípulos una instrucción sencilla en Getsemaní:

Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.

Mt 26:41 · Reina-Valera 1909

Adam Clarke explica que velar es no dejarse sorprender, y orar es poder soportar la prueba cuando llegue. MacDonald recuerda cuántas veces dormimos mejor de lo que oramos. Hay que pedir ayuda de antemano, no solo cuando la tentación ya nos ha alcanzado.

Santiago añade dos pasos:

Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.

Stg 4:7 · Reina-Valera 1909

MacArthur escribe que «someterse» es una palabra militar: se decía del soldado bajo la autoridad de su comandante, es decir, de la sumisión voluntaria a Dios. El segundo paso es resistir al diablo. MacDonald dice que lo hacemos cerrando oídos y corazón a sus ofertas y usando la Escritura como espada del Espíritu, y la Biblia de Estudio de Ginebra recuerda que Satanás es poderoso, pero no invencible. Jesús hizo justamente así en el desierto: a cada tentación respondió con lo que está escrito, como señala Matthew Henry.

Si ha caído, no se esconda de Dios. Vuelva a Él, al trono de la gracia, donde, según Henry, hay misericordia para perdonar y gracia para purificar. Resistir no es confiar en la propia fuerza, sino volverse a Aquel que fue tentado como nosotros y permanece con nosotros en cada prueba.