¿Qué es la armadura de Dios?
La armadura de Dios es la protección completa que Él da a cada creyente para la batalla espiritual: verdad, justicia, el apresto del evangelio de la paz, fe, salvación y la Palabra de Dios, unidas por la oración. No la fabricamos nosotros: nos la ponemos y permanecemos firmes en el poder del Señor.
La armadura de Dios aparece al final de la carta de Pablo a los efesios. Después de capítulos sobre la gracia de Dios y sobre la vida en amor, Pablo cierra con la imagen de un soldado. La vida cristiana, dice, no es solo paz y comunión: también tiene su batalla, y Dios nos ha dado todo lo necesario para resistir.
Una fuerza que no es nuestra
Pablo empieza no por la armadura, sino por la fuerza:
Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.
Ef 6:10–12 · Reina-Valera 1909
Warren Wiersbe observa que primero se nos manda fortalecernos y solo después estar firmes. Esa fuerza viene de darnos cuenta de que estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales, muy por encima de todo poder de Satanás. William MacDonald añade que los mejores soldados de Dios son los que reconocen su propia debilidad y confían solo en Él.
El enemigo es real, pero no es, ante todo, otras personas. MacDonald explica que la batalla no es contra filósofos impíos ni gobernantes incrédulos, sino contra seres espirituales malignos que nos rodean por todas partes; con todo, el cristiano no debe obsesionarse con los demonios ni vivir con miedo de ellos. John MacArthur recuerda que el poder de Satanás sobre los creyentes ya fue quebrantado por la cruz y la resurrección (Hebreos 2:14), pero las batallas contra la tentación continúan mientras vivamos en esta tierra.
Se llama armadura de Dios porque Él mismo la prepara y la da. Matthew Henry señala que está hecha para llevarla puesta y que no nos la quitamos hasta terminar la guerra.
Las seis piezas de la armadura
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar firmes, habiendo acabado todo. Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la cota de justicia. Y calzados los pies con el apresto del evangelio de paz; Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de salud, y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios;
Ef 6:13–17 · Reina-Valera 1909
Pablo probablemente pensaba en un soldado romano. MacArthur observa que las tres primeras piezas se llevaban siempre puestas, mientras que las otras tres se tenían a mano en cuanto empezaba el combate. Esto significa cada una.
- El cinto de la verdad. El soldado ceñía con el cinto su túnica suelta para pelear con libertad. MacArthur entiende aquí la verdad como fidelidad a la verdad, y MacDonald dice que no basta aferrarse a la verdad: hay que dejar que ella nos sostenga en la vida diaria.
- La coraza de justicia. Cubría el corazón y otros órganos vitales. MacDonald escribe que todo creyente está vestido de la justicia de Dios (2 Corintios 5:21) y debe mostrar además una vida limpia y honrada: con la conciencia limpia, las flechas de Satanás no tienen blanco.
- El calzado del apresto del evangelio de la paz. MacArthur explica que la paz con Dios por medio de Cristo da un apoyo firme: si Dios está de nuestro lado, Él es nuestra fortaleza (Romanos 8:31). MacDonald lee este calzado también como disposición para salir con las buenas noticias.
- El escudo de la fe. El gran escudo romano cubría todo el cuerpo. Según MacArthur, la fe aquí es una confianza constante en la palabra y las promesas de Dios, que apaga los dardos de fuego de la tentación y la duda.
- El yelmo de la salvación. MacArthur explica que Satanás busca destruir la seguridad del creyente con dudas, pero la salvación está guardada por las promesas de Dios (Juan 10:28).
- La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Es la única arma de ataque. MacDonald señala a Jesús en el desierto, que respondió a cada tentación con una palabra adecuada de la Escritura (Lucas 4:1–13), y MacArthur añade que con esta espada se desvían los golpes del enemigo y se destruyen sus planes.
Henry observa algo más: en esta armadura no hay nada para la espalda, así que nada protege al soldado que da la vuelta y huye.