«Todo tiene su tiempo» (Eclesiastés 3): significado

Respuesta breve

Eclesiastés 3 enseña que Dios ha señalado un tiempo apropiado para cada acontecimiento y actividad de la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte. No controlamos esos tiempos ni vemos todo el plan de Dios, pero podemos confiar en Él, recibir nuestra vida diaria y nuestro trabajo como un regalo suyo y vivir con reverencia delante de Él.

Las palabras sobre el tiempo de nacer y el tiempo de morir están entre las más conocidas de la Biblia. Se leen en funerales y despedidas, y se citan mucho más allá de la iglesia. Pero Eclesiastés 3 es más que un poema sobre las etapas de la vida. Es un paso en la búsqueda del Predicador: qué da a la vida un sentido duradero.

El libro presenta a su autor como el Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén (Eclesiastés 1:1). Matthew Henry, John MacArthur y William MacDonald lo identifican con Salomón, ya que ningún otro hijo de David reinó en Jerusalén. Algunos intérpretes consideran el libro posterior y ven en Salomón una figura literaria. En cualquier caso, el libro mira la vida «debajo del sol», tal como se ve desde el lado humano.

Todo tiene su tiempo (versículos 1–8)

PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:

Ec 3:1 · Reina-Valera 1909

John MacArthur explica que Dios no solo fija la norma y reparte la satisfacción, sino que también señala los tiempos y las sazones. Las actividades terrenales son buenas en su lugar y en su momento, pero se vuelven vanas cuando se persiguen como el objetivo principal. Jamieson, Fausset y Brown añaden que Dios no condena el uso de las bendiciones terrenales, sino su abuso: hacer de ellas el fin principal.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

Ec 3:2–4 · Reina-Valera 1909

La lista empieza con el nacimiento y la muerte. Jamieson, Fausset y Brown señalan que el hombre no puede cambiar la fecha de su nacimiento ni la de su muerte, y tampoco puede invertir el orden de plantar y arrancar. Después vienen acciones humanas que empiezan y terminan algo: plantar y arrancar, destruir y edificar. El llanto y la risa, el lamento y el baile son nuestras respuestas a todo ello.

Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar; Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Ec 3:5–8 · Reina-Valera 1909

Algunas parejas son enigmáticas. MacDonald sugiere que las piedras se esparcían al despejar un campo para el cultivo (Isaías 5:2) y se juntaban para construir casas y muros. Rasgar la ropa era señal de luto; por eso rasgar y callar parecen pertenecer al duelo, y coser y hablar, a su final (compara Job 2:12–13). La lista termina como empezó: con la guerra y la paz, que la gente común apenas controla.

MacDonald cuenta veintiocho actividades, catorce positivas y catorce negativas, que parecen anularse unas a otras, de modo que el resultado final es cero. Esa es precisamente la pregunta del Predicador. MacDonald recuerda también que estos versículos describen la vida como Salomón la veía «debajo del sol». Matar y aborrecer aparecen en la lista porque él los observó, no porque Dios los apruebe.

Eternidad en el corazón humano (versículos 9–11)

¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen. Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.

Ec 3:9–11 · Reina-Valera 1909

Si a cada ganancia le corresponde una pérdida, ¿qué provecho duradero tiene el trabajo? MacArthur responde que las ocupaciones terrenales no sirven cuando se toman como el bien principal de la vida, algo para lo que Dios nunca las dio.

El versículo 11 es el corazón del capítulo. «Hermoso» significa conveniente o apropiado; MacArthur oye en él un eco de la creación, cuando Dios vio que todo lo que había hecho era bueno en gran manera (Génesis 1:31). Donde la Reina-Valera antigua dice «mundo», las traducciones modernas dicen «eternidad», y así lo entienden MacArthur y MacDonald. MacDonald lo explica así: aunque el hombre vive en un mundo regido por el tiempo, tiene indicios de eternidad y piensa instintivamente en «para siempre». MacArthur añade que Dios hizo a las personas para su propósito eterno, y por eso nada en este mundo puede satisfacerlas del todo. Aun así, no podemos entender la obra de Dios de principio a fin. Vivimos dentro del tiempo y solo vemos una parte.

Recibir cada día como regalo de Dios (versículos 12–15)

Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida: Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

Ec 3:12–13 · Reina-Valera 1909

No es una invitación al placer despreocupado. MacArthur dice que estas palabras resumen la meta del mensaje de Salomón, que él retoma y amplía más adelante (Eclesiastés 12:13–14). MacDonald aclara que el Predicador no habla de una vida de juerga y vicio, sino de disfrutar la comida, la bebida y el trabajo diario como don de Dios. Al aceptarlo todo como regalo del Creador, explica MacArthur, el hombre puede ver el bien en su trabajo.

He entendido que todo lo que Dios hace, ésto será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres. Aquello que fué, ya es: y lo que ha de ser, fué ya; y Dios restaura lo que pasó.

Ec 3:14–15 · Reina-Valera 1909

La obra de Dios es permanente y completa: no se le puede añadir ni quitar nada. MacArthur explica que reconocer la obra perfecta y eterna de Dios es la base de la reverencia y la adoración, y que sin Dios las obras del hombre son lamentablemente insuficientes. El versículo 15 se lee de dos maneras. Algunos entienden que Dios pide cuentas de lo pasado, lo que prepara el tema del juicio en los versículos siguientes. MacDonald prefiere ver a Dios trayendo de nuevo lo que ya pasó, de modo que la historia repite sus ciclos.

Vivir confiando en los tiempos de Dios

Eclesiastés 3 enseña humildad. No elegimos el día de nuestro nacimiento ni el de nuestra muerte, y no vemos cómo encajan todas las etapas de nuestra vida. Matthew Henry advierte que esperar una felicidad que no cambie en un mundo cambiante solo puede terminar en desilusión.

El capítulo también da descanso. Henry escribe que estar satisfechos con la providencia de Dios es confiar en que todas las cosas ayudan a bien a los que lo aman (Romanos 8:28). Los tiempos están en sus manos, no en las nuestras.

Y nos llama a aprovechar el tiempo que tenemos. Henry añade que la vida es corta e incierta, así que debemos aprovechar cada oportunidad de hacer el bien. La respuesta correcta al Dios que señala cada tiempo no es la ansiedad ni la desesperación, sino la fe, la gratitud y la reverencia.